Literatura

Malva Flores, Viaje de Vuelta. Estampas de una revista, Fondo de Cultura Económica, México, 2011, 373 pp.


Sonia García de Alba

Viaje de Vuelta de Malva Flores, texto que se inserta dentro del proyecto “Índices críticos de la revista Vuelta” auspiciado por la Universidad Veracruzana, es más que un repaso diacrónico de los 22 años (de 1976 a1998) que duró la revista fundada por Octavio Paz. El texto, aclara Flores, no pretende ser un libro de historia de la revista y sus polémicas sino “un apunte que quiere ver su despliegue como estampas de un viaje importante para nuestra tradición” (p. 21). Así, la autora busca reinsertar su reflexión y su detallada investigación histórica en un diálogo intelectual como el que, a finales del siglo XX, encontró su máxima expresión en la revista que Paz dirigía.

            El libro nos acerca a los inicios de una conversación que marcó de manera indeleble el desarrollo la crítica literaria en México. El acierto de Flores reside en su capacidad de devolvernos nítidamente el pasado y hacer evidente la trascendencia de esos primeros esfuerzos por separar la actividad crítica de las instituciones y rescatar el rol del escritor como figura pública. Viaje de Vuelta es un digno homenaje a todos aquellos intelectuales disidentes que encontraron en la revista una suerte de cuartel general desde el cual abordaron algunas de las polémicas más grandes de su tiempo. Concebida como una instrumento de batalla, Vuelta buscó ser “un signo de resistencia a los embates comerciales y una vocación por la búsqueda y exploración permanentes” (p. 59). Pero lo que la hacía verdaderamente única era la convivencia de voces contrastantes que fueron acogidas dentro de la publicación. Porque la revista, Flores sostiene, nunca fue una calca del pensamiento de Paz. Su padrinazgo no se extendió a lo ideológico, sino que se limitó a ser una fuente de estabilidad, el centro en torno al cual agruparse, pero no el modelo único de pensamiento.

            Así, Vuelta se erigió como la casa de la disidencia, un espacio donde se privilegió la voz crítica del individuo en un esfuerzo por romper con la unanimidad y abrir un espacio para la auténtica libertad de expresión. Si bien las opiniones publicadas podían llegar a ser contradictorias, los autores siempre presentaron un frente unido ante la censura y el poder, buscando mantener su independencia y la libertad creativa. Fueron “intelectuales independientes cuya única lealtad —aseguraron siempre— estuvo con la crítica” (p. 151). Vuelta reavivó, como ninguna otra revista de su tiempo, el rol moral del escritor como un crítico, que no solo se limita a juzgar su contemporaneidad, sino a propiciar en sus lectores una conversación en torno ésta. En Viaje de Vuelta, Flores rescata parte de su experiencia como lectora de la revista y señala que, así como Paz buscó restablecer al escritor como actor social, también defendió la figura del lector como el interlocutor de los críticos. Los que crecieron leyendo la revista vieron cómo se abría ante ellos la posibilidad de integrarse al diálogo intelectual. Para los mexicanos Vuelta fue, esencialmente, un punto de contacto entre los escritores y sus lectores, un primer acercamiento a una conversación que continuaría más allá de sus páginas. Fue una auténtica revista literaria cuyo fin último fue servir a los lectores de puente para acercarse a la compleja realidad del México moderno que recién se consolidaba.

            Convencidos, como Paz, de que “una nación sin crítica es una nación ciega” (p. 31), los lectores y escritores de Vuelta recolonizaron un espacio que había sido tomado e institucionalizado por la academia y le devolvieron el alma y el espíritu crítico al quehacer literario. Hacer crítica —la socialmente comprometida y la que involucra al lector, claro está— adquiere, en este contexto, una dimensión histórica. Así, los miembros del grupo Vuelta, apunta Flores, fueron, además de observadores, personajes centrales en el escenario social del México de finales del siglo XX. Enrique Krauze, Guillermo Sheridan, Alejandro Rossi, Gabriel Zaid, Aurelio Asiain, Christopher Domínguez Michael y Octavio Paz, por mencionar algunos de los colaboradores más asiduos, no concebían la figura del escritor como un mero espectador del devenir histórico. La actividad literaria tenía un carácter social y debía estar comprometida con la denuncia de los abusos del poder. Sin descuidar la estética, Vuelta vivía de frente a la realidad política y social de su tiempo.

            El libro de Flores es un testimonio de la trascendencia de Vuelta y de su considerable influencia sobre la crítica en México. Al igual que la revista en su tiempo, Viaje de Vuelta busca comprender la modernidad a través de una reflexión que parte del pasado. Paz creía que “la búsqueda de la modernidad era un descenso a los orígenes”. En La búsqueda del presente, el poeta habla sobre su reencuentro con la tradición y el uso de la misma para poder comprender el presente donde, una vez más, el crítico sobresale como el guía idóneo para el rescate de la tradición, el encargado de tender puentes entre las generaciones anteriores y la nuestra. Así, el diálogo entre la historia, la literatura y el presente de México a finales del siglo pasado puede encontrarse en las revistas, que fueron, a la vez, un espacio para la reflexión sobre la literatura pero, también, la literatura misma desdoblándose y construyéndose frente a los ojos del lector. A la luz del texto de Flores, no parece descabellado concluir que Vuelta, como ninguna otra revista lo había hecho hasta entonces, logró conjugar literatura y crítica.

            Vuelta, como su nombre indica, es un retorno. Un regreso a aquella conversación que comenzó en Plural, esa otra revista de Paz que apareció en 1971 y que dejó de imprimirse tras el golpe a Excélsior. Ese retorno implica también una trascendencia, es el punto de partida al que se regresa cambiado después del viaje: un espacio que se renueva a cada vuelta y nos revela algo distinto. “Vuelta quiere decir regreso al punto de partida y, asimismo, mudanza, cambio […] Damos vueltas con las vueltas del tiempo, con las revoluciones de las estaciones y las revueltas de los hombres; al cambiar, como los años y los pueblos, volvemos a lo que fuimos y somos. Vuelta a lo mismo. Y al dar la vuelta, descubrimos que ya no es lo mismo: el que regresa es otro y es otro a lo que regresa” (p. 34). Viaje de Vuelta es un regreso a nuestra tradición crítica para encontrar sentido al presente y, al mismo tiempo, una invitación a mantener vivo el espíritu de la revista continuando el diálogo que contribuyó a animar.

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