Literatura

Violeta Font, Suave como el peligro, Valparaíso Ediciones, Granada, 2019, 64 pp.


Javier Revello Sánchez

¿Qué es el lenguaje poético? ¿Qué construye un “buen” verso, y dónde fracasa uno “malo”? Si bien podría afirmarse que este criterio es inadecuado para el ámbito poético, también podrían señalarse con el dedo treinta y cinco poemas terribles y cinco obras maestras. No hay buena ni mala poesía, pero desde luego todo parece indicar que hay poesía pertinente e impertinente. Elegante y torpe. Natural y artificiosa. Hilvanada y deshecha. Nadie sabría decir por qué un poema le evoca una emoción en concreto, pero lo hace: y, sin embargo, una sola emoción no justifica la calidad literaria de un poema. A la inversa, que un poema no nos haga sentir nada es la peor de las traiciones que puede cometer.

No aspiro a resolver lo que muchísimas personas mucho más inteligentes que yo no han logrado en siglos de literatura, ni a dejar obsoleta la Poética. El único motivo por el que me atrevo a abrir un ápice esta puerta cerrada que a ninguno nos conviene cuestionar es porque el libro que aquí nos ocupa incide de lleno en todo lo que hace única a la poesía.

¿Es posible sentir algo con tanta vehemencia que sea increíble para el lector, en el sentido más literal del término? ¿Que quien lo lea se vea extrañado, alienado, incapaz de comprender cómo alguien puede sentir eso y tienda a calificarlo de impostado? ¿Es posible afirmar que un verso no acaba de encajar, cuando entra dentro de lo que mandan los cánones, con su aliteración, su modificación sonora paulatina, su ritmo intrínseco que se va apagando como una especie de nevada sin fin que, poco a poco se va,

 

(como ahora)

 

lentamente,

 

apagan

do.

 

Sí, es posible. Por otro lado, ¿es posible negar que alguien pueda sentir algo con una sensibilidad tan fiera como lo hace Font? Teniendo en cuenta los versos, la ambición de lo presentado, el alcance referencial que aspira a dominar, ¿es posible afirmar que hay un libro pulido, un concepto trabajado, un patrón subyacente claro? Sí, también lo es.

Y es en esta terrible dicotomía donde habita Suave como el peligro. Font abre el poemario afirmando que “No he venido aquí a hablar de amor, qué insolencia sería / pretender decir algo nuevo, aportar un matiz, / ampliar el concepto, retocar levemente su fisionomía…”; ella ha venido a “… hablar del revés inconsciente de tus signos, / del anverso oscuro de tu brazo al rodear mi espalda”. Como ya puede apreciarse en estas primeras líneas, en su poesía abundan la geometría y la matemática, el gusto por la complejidad y la dualidad de lo real: su formación matemática es un factor definitorio de su poesía, con poemas formulados como teoremas (“Interior noche”) u otros con títulos como “La soledad de los números primos”, que remite a la famosa novela. Además de esto, otro factor esencial a la hora de desglosar sus referencias parece ser la obra de Lorca, con poemas como “La espuma de los días”, de una sonoridad decididamente andaluza: “Hoy ha muerto desalmado, madre, / mi amante en el campo de batalla”.

Es un poemario breve, pero de estructura cristalina y formal: un pequeño cosmos confinado en 64 páginas. La ciencia ficción, el drama lorquiano, la matemática clásica y la música de los 70 se dan la mano en un collage difícil de definir e inclasificable como la poesía misma.

Quizás la cumbre del poemario, donde mejor conseguido está el equilibrio entre sentimiento y forma, donde más acertadas parecen las metáforas, es en el final de “Mi arquitectura efímera / Solo tengo un deseo”. Escribe Font: “Me volveré en mi honda soledad grava y cenagal, / me custodiará tan solo un lecho de ramas viejas, / y descansaré tranquila con la boca llena de tierra, / mis piernas blancas cubiertas de vello enteras, / los labios pálidos salpicados por un bigote de fina arena, / ornamental vestigio triunfante de mi sonrisa ingenua, / único recuerdo florido de la niña indómita que siempre fui”. Estos versos son de una sinceridad arrebatadora, de una ternura triste capaz de hacernos releer la misma línea una y otra vez en búsqueda del momento exacto en el que se nos para la sonrisa.

Suave como el peligro es un poemario difícil de definir. Como los números primos a los que en él se aluden, se resiste a una subdivisión en partes y es irregular en su patrón. Como los versos lorquianos, es a veces triste, a veces furioso. No todos sus poemas alcanzan el mismo nivel de impacto emocional ni todas sus emociones encuentran la metáfora idónea que las transporte, pero su ambición, multirreferencialidad y brillos de la tradición andaluza del 27 lo convierten en una lectura única.

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