Literatura

Jorge Cabezas Miranda (ed.), ratas, líquenes, insectos, polímeros, espiroquetas: grupo Diáspora(s). Antología (1993-2013), Cabezaprusia, Puebla, 2014, 395 pp.


Guillermo Espinosa Estrada

1. Desde hace unos tres años, la editorial Cabezaprusia se ha dedicado a publicar libros anómalos. Algo así se espera de un sello de nombre tan peculiar, pero ninguno ha sido tan excéntrico como ratas, líquenes, insectos, polímeros, espiroquetas, una antología del grupo literario Diáspora(s), editada por el académico español Jorge Cabezas Miranda. Es un libro raro no sólo por su título –tampoco por el hecho de que un sello editorial poblano (¿qué otra editorial existe en Puebla?) publique poesía experimental cubana–; lo es porque, en sus casi cuatrocientas páginas, concentra una de las apuestas más radicales de la literatura latinoamericana reciente.

a. En los poemas de ratas, líquenes, insectos, polímeros, espiroquetas la palabra Cuba aparece solo en dos ocasiones, y en una de ellas es mencionada por un supuesto poeta alemán. Es decir, lo local desaparece, pero solo para reaparecer, en ausencia, de una forma menos anecdótica y sí más crítica. Los escenarios recurrentes son las recién desaparecidas Alemania Oriental y la URSS, además de China; espacios cosmopolitas y exóticos que, en las antípodas, son espejos nítidos de la isla en tanto dictaduras totalitarias. Cuando los poetas quieren dejar esta analogía aún más clara, sitúan sus textos en ‘sitios sombríos/ el hospital, la cárcel, quiso decir el manicomio’. La geografía de Diáspora(s) es una colección de espacios cerrados que se replican en distintos ‘pabellones’, ‘clínicas’, ‘psiquiátricos’; una colección de instituciones disciplinarias agobiantes que coinciden en su insularidad y asilamiento.

2. Diáspora(s) fue un grupo de vanguardia habanero que estuvo conformado por Rolando Sánchez Mejías, Radamés Molina, Carlos A. Aguilera, Ricardo Alberto Pérez, Pedro Marqués de Armas, Rogelio Saunders, José Manuel Prieto e Ismael González Castañer. Empezaron sus actividades de “terrorismo con pedagogía” en 1993, haciendo “performances, videos, cursos, lecturas para radio, charlas, etc.”, hasta que en 1997 fundaron una revista homónima, que publicarán los cinco años siguientes. A partir de 2002, el grupo parece perder la cohesión de lo colectivo, pero sus integrantes siguen produciendo y sus escrituras mantienen una suerte de aire de familia.

b. Al interior de estos espacios habitan los enfermos, claro está, principalmente aquejados de enfermedades nerviosas. Pero la locura está lejos de ser un padecimiento romántico que manifiesta la naturaleza genial y casi sobrehumana de los poetas. Es una paranoia y una esquizofrenia propagada por el encierro y la vigilancia estatal, estrategias de control que convierten a los protagonistas en ‘tumoroso[s]-animal[es]-de-laboratorio’: ‘ratas’, ‘conejos’, en ocasiones ‘cerdos’, que conforman un pequeño bestiario del cautiverio político. Aunque la presencia de la estética oulipiana no es particularmente preponderante en Diáspora(s), estos animalitos no dejan de evocar la célebre definición de Marcel Benabou: ‘¿Qué es un autor oulipiano? Es una rata que construye ella misma el laberinto del cual se propone salir. ¿Un laberinto de qué? De palabras, sonidos, frases, párrafos, capítulos, bibliotecas, prosa, poesía, y todo eso’. La diferencia entre los autores franceses y los cubanos sería que, para los últimos, el laberinto no es un juego sino una trampa sin salida.

3. ¿En qué consiste esta estética que pareciera común a los miembros de Diáspora(s)? Es difícil definirlo, pero podría intentar una respuesta echando mano de sus propios versos: es una reacción a esa literatura de “tersos léxicos lógicos e hiperlógicos”, que proliferan “discurseando, pedorreando, golpeando en la lógica cabeza”; para evitar este tipo de literatura convencional y digerible, se preguntan: ¿Podemos intentar /nuevas escrituras? // ¿Torcer la lengua / para que otra / nos seduzca?// Su sonido volverá más espeso”. En esa nueva escritura, en esa lengua torcida —en su “sintaxis ronca”—, radica su densidad poética. Y los resultados son similares porque todos sus miembros se enfrentan, de una manera parecida, al mismo problema: la dictadura del innombrable “Fidelio”.

c. En este contexto, la poesía es casi un lujo que no podemos darnos; y aún así hay que escribir, hacerlo de la única manera en que sea posible. Esta forma es por un lado gestual, casi simbólica, y recuerda la ‘murmuratura’ del post-exotismo francés, esos textos que según Volodine sólo pueden ser comunicados entre presos que sufren el mismo cautiverio. Los poemas de Diáspora(s) están conformados por ‘el murmullo de esos alienados’, en sus versos se ‘balbucean emblemas confusos’, y a lo más que aspiran es a ‘una especie de ideograma hecho con el silencio y la cal’, al ‘dibujo en la tierra [de] indescifrables ideogramas judíos’. En otros casos el mismo poema como símbolo es demasiado ambicioso y Diáspora(s) se conforma con decir el ‘residuo’: la ‘exCREcencia/delcuerpo’, ya que aseguran que ‘la verdadera filosofía es el acto de saber escupir a los demás’.

4. En un país donde no existe un mercado del libro, en el que pervive la censura oficial, y en el que, principalmente, hay un discurso de Estado en buena medida omnipresente y más o menos homogéneo que define todo, ¿cómo escribir? Esta parece ser la pregunta fundacional del grupo; y sus poemas, la respuesta. Diáspora(s) se contrapone al discurso oficial al alejarse, en primera instancia, de lo “cubano” y lo “nacional”, tal como lo entiende la revolución castrista durante el periodo especial. Al mismo tiempo denuncia, de forma oblicua e indirecta (las únicas posibles en su contexto), la asfixia y represión que el sistema totalitario provoca entre los ciudadanos-rehenes. Finalmente, su poesía, y la idea misma de su escritura, está pensada como un gesto, un murmullo, como el esbozo de un croquis en la arena que apenas puede existir para ser leído dentro de (otra vez) este contexto políticamente sofocante. Por todo lo anterior sus textos resultan complejos, difíciles, herméticos; cualquier otra forma de expresión más accesible y dócil habría sido para ellos la claudicación de su crítica.

d.

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