Literatura

Eva Baltasar, Permagel, Club Editor, Barcelona, 2018, 187 pp.


Laura G. Ortensi

En Permagel (Permafrost en la traducción al español, publicada por Random House) Eros y Thanatos son dos extremos que se tocan. Como mínimo, así lo siente la protagonista de la novela, una mujer lesbiana que repasa su catálogo de infortunios mientras busca el método óptimo para suicidarse. Durante el análisis de posibilidades, la joven se aferra a los dos placeres que alimentan el sentido de su existencia temporal: el sexo y la lectura. Eva Baltasar (Barcelona, 1978) debuta en la narrativa con una propuesta ligada, en todo momento, a su bagaje poético. No solo porque la historia se articula en torno a treinta y ocho capítulos concebidos como prosas breves, sino también porque el dominio del ritmo y el uso de la metáfora convierten la novela en algo más que una sucesión de acciones.

De hecho, Permagel se alza como metáfora desde el propio título. El permafrost es aquella capa de la tierra donde nunca deshiela. Por extensión, el permafrost de la protagonista se convierte en un rincón de intimidad personal al que nadie más puede acceder. En la coraza que se abre, solamente, ante el límite y la duda: “Si del que es tracta és de sobreviure, la resistència pot ser que sigui l’única forma de viure intensament. És ara, en aquest límit, que em sento viva, viva com mai” (p.16). Estas rendijas de límite y duda son las que el lector se encuentra convertidas en letra. Son el pretexto que utiliza la protagonista para reflexionar sobre el trastorno mental, el sexo como vía de escape y las relaciones familiares traumáticas.

Sin embargo, el gran tema de la novela es la soledad de una mujer que no encaja en un entorno sometido a los cánones de productividad y a las relaciones heterosexuales. Hay quien ha destacado el tono provocador de Permagel, a veces difícil de digerir si se interpreta como una cavilación frívola sobre los instintos suicidas. En todo caso, bienvenida sea la ficción y bienvenidas sean las licencias creativas de Baltasar, casi siempre coherentes con el talante de la protagonista. Ya nos lo confiesa en el capítulo dos: “Un suïcida reeixit, avui en dia, és un heroi” (p. 19). Hablo del estilo poético trabajado y del tono provocador porque estas son, a mi entender, las aportaciones más fructíferas de la novela.

Y es que la narrativa catalana de ficción ha experimentado un auténtico alud de novelas generacionales en los últimos meses. Podríamos hablar, por ejemplo, de un grupo de autoras nacidas entre 1975 y 1985 —Marta Rojals, Eva Baltasar, Anna Punsoda y Llucia Ramis— unidas por varios paralelismos. Sus protagonistas suelen ser mujeres solitarias, con una vida sentimental convulsa y un vínculo inestable con padres y hermanos. Pero también hay otros ingredientes reiterados: el dilema ante la maternidad, la precariedad laboral, la búsqueda de la plenitud sexual, etc. No entraremos a valorar hasta qué punto abunda o no la autoficción, pero, sea como sea, leer a estas autoras seguidamente resulta un ejercicio comparativo bastante estimulante, sobre todo en el caso de Permagel y Els llits dels altres, de Anna Punsoda (Ara Llibres, 2018). Ambas novelas tienen en común los problemas clínicos de las protagonistas y la “maternidad accidental” como elemento de desbloqueo. Por otra parte, la narración se articula mediante capítulos breves, casi independientes los unos de los otros: treinta y ocho en el caso de Permagel; veinte en el caso de Els llits dels altres.

A pesar de algunas intermitencias —y del giro argumental final, ciertamente arriesgado—, la propuesta de Baltasar convence por la convicción poética con la que ha sido escrita. Permagel es un libro para leer en voz alta: “Sona el violí. Les famílies es tanquen sobre si mateixes com viles assetjades. Però és la vida, la salvatge que ens cerca i ens assetja” (p. 187). Porque la primera novela de Baltasar es heredera de sus obras previas, como Laia (Columna, 2008) o Animals d’hivern (Edicions 62, 2016). De todos modos, no podemos reprocharle que no haya advertido al lector: “A la poesia, per permetre-ho”, dice el rezo del inicio.

Está por ver cómo articulará la autora la trilogía que promete al final del libro. De hecho, Permagel es la primera parte de un proyecto que va a continuar con dos novelas más: Boulder y Mamut. El crítico Julià Guillamón ya señaló en un artículo en el diario La Vanguardia (“O això, o salto pel balcó”) la dificultad de llevar esta idea a buen puerto; sobre todo porque el cuerpo argumental de Permagel es mínimo y se centra, básicamente, en las interioridades de la protagonista. Sin embargo, Baltasar ha revelado que los personajes de Boulder no serán los de la novela que conocemos. De momento, tenemos sobre la mesa una propuesta desvergonzada que ha cautivado a todo tipo de lectores. Y es que los límites entre la muerte y el orgasmo son tan tentadores que, cuando están bien escritos, resumen la propia vida.

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