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David Simon, La conjura contra América, Estados Unidos, 2019.


David Sandoval Rodríguez

En La conjura contra América se cuenta la historia de los Estados Unidos a través de los avatares de una familia judía, los Finkel Levin, radicada en un barrio de Nueva Jersey durante los años posteriores a la Gran Depresión. Si usáramos un diagrama de Euler para explicar de qué va la primera temporada sería factible decir que, por un lado, su narrativa visual está inspirada en los documentales de la época y retoma inclusive material original para dar contexto a la historia; por otro, tiene al entorno familiar como el teatro en el que se mostrarán las transformaciones de la nación, que afectarán directamente a todos los personajes y trastornarán, más allá de lo doméstico, las vidas de la familia.

La producción, que conectará fácilmente con el espectador promedio de HBO, está cuidada hasta el detalle y se nota rápidamente la inversión en escenarios, vestuario, secuencias y hasta musicalización de la serie. Los capítulos están enmarcados en una gama de colores similar a la película Joker de Todd Philips, evocando logradamente un pasado en tonalidades secas, frías, otoñales.

La conjura contra América es producida por David Simon, reconocido realizador, guionista y productor, responsable de The Wire –serie multipremiada, conocida y apreciada tanto por el público como por la crítica– que ahora apuesta por una particular adaptación de la novela homónima de Philip Roth, publicada en 2004. Novela y serie se sustentan en una ucronía, es decir, una ficción que inicia con acontecimientos reales y se desarrolla creando una trama alternativa, como Bastardos sin gloria o Érase una vez en Hollywood de Quentin Tarantino.

En La conjura, Charles Lindbergh es el ídolo aviador que luego se convertirá en candidato a la presidencia contra Franklin D. Roosevelt. Desde los créditos iniciales en blanco y negro, que comienzan con imágenes de las campañas presidenciales y terminan con escenas del ascenso nazi en Alemania al ritmo amenazantemente optimista de “The Road is Open Again”, se anuncia el surgimiento del antisemitismo institucionalizado y cómo esa amenaza llega a la Norteamérica aún traumatizada por la crisis económica y frente al prometedor horizonte de la recuperación.

Contrario a lo que cierta crítica especializada ha dicho en Estados Unidos (por ejemplo, en Variety, Slate o The Washington Post) considero que la serie es lograda, entretenida y fluye muy bien gracias al oficio narrativo de sus productores y los diálogos e interacciones de un elenco de actores de vasta trayectoria (John Turturro, Winona Ryder, Michael Kostroff). A ratos uno se olvida que está viendo una producción de HBO, factor que puede ser su punto fuerte o débil, dependiendo de la perspectiva. ¿Por qué? Porque me parece que el equipo liderado por Simon, Ed Burns y hasta el propio Roth, que figura en los créditos como productor ejecutivo y hasta guionista en algunos capítulos, optaron por sumergirse en el género del melodrama a partir de los recursos estilísticos y conceptuales aprendidos en The Wire y otros contenidos similares ya presentes en HBO.

Esto significa que, si se espera ver una serie trepidante, brusca y en la cual se avanza al mismo ritmo de los personajes –numerosos, ambivalentes moralmente, esquivos–, mejor vuélvase a ver The Wire. Pero si se busca un melodrama bien producido, que puede ser comprendido y contado a los demás, personajes con líneas argumentales propias que se entrecruzan y cuyas tragedias se engarzan, La conjura contra América es de una manufactura superior a otras series de corte “histórico” que recrean un momento particular.

Mención aparte merece Zoe Kazan, la madre-corazón eje de la trama, cuyas angustias son el pulso de los episodios; también aparte, por su excesivo histrionismo, están John Turturro y Winona Ryder. Como dije, esto puede considerarse su mejor acierto al ser los polos opuestos a la historia de la familia Finkel o puede ser visto como actores exagerando sus personajes que, en mi opinión, se hallan más cercanos al arquetipo del antagonista y por ello sus actuaciones destacan sobre la aparente “normalidad” de los Finkel que, por cierto, no es tan normal como ellos quisieran.

En pocas palabras: La conjura contra América es un cautivante melodrama preparado con la intención de mostrar un mundo real, casi tangible por su familiaridad, que dará un giro funesto. Dele la oportunidad a los dos primeros capítulos y tal vez llegue a su expectante final, muy parecido a lo que vimos el martes 3 de noviembre del 2020.

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