Literatura

Jonathan Safran Foer, Here I Am, Hamish Hamilton, New York, 2016, 571 pp.


Arturo Cárdenas

“Diría que no es mi vida, pero soy yo”, declaró Jonathan Safran Foer sobre su última novela Here I Am, publicada diez años después de su última incursión en este género. El protagonista de la misma reflexiona en alguna ocasión sobre un guión en el que ha trabajado desde el nacimiento de su segundo hijo, quien ahora tiene diez años. De ser cuestionado sobre el texto, diría: “I would say it is not my life, but it is me” o “I would say it is not me, but it is my life”, según quién pregunte. Las similitudes entre autor y personaje son más de las que se pueden enumerar; sin embargo, la novela se presenta como un bloque de pensamientos tan profundamente autoanalíticos, detallados y obsesivamente específicos que, incluso sin saber de ellos, es imposible leerlos como menos que revelaciones personales.

     La obra abre con la descripción de una escuela judía en Washington D.C. a la que el protagonista, Jacob Bloch, y su esposa, Julia, fueron convocados; en el pupitre de su hijo, Sam, encontraron un listado de palabras racistas. “There are no bad words – it’s the context that counts”, dice Jacob al respecto, en lo que sirve como preámbulo para la narración principal y advertencia de que el lenguaje tendrá un papel primordial, pues se resalta con una obsesión casi cabalística que resulta apropiada, ya que uno de los temas principales es el cuestionamiento de la identidad judía. La mayoría de los conflictos giran en torno a la incapacidad de los personajes para decir lo que quieren o deben.

     La familia Bloch está en medio de una crisis: más allá de que las acciones de su hijo puedan resultar en la cancelación su Bar Mitzvah (rito que, como es sabido, consiste en decir en voz alta unas líneas de la Torah para hacer oficial el pasaje de la infancia al mundo adulto), el matrimonio de Jacob y Julia, que llevaba años sin funcionar, se ve amenazado cuando ella encuentra en el celular de su esposo mensajes eróticos con una compañera de trabajo. A esto se suma que Isaac Bloch, el patriarca de la familia –personaje que se menciona una y otra vez, pero no se presenta físicamente en toda la obra–  está a punto de ser mandado a un hogar para ancianos mientras espera el Bar Mitzvah antes de dejarse morir. Por lo mismo, la parte de la familia Bloch que vive en Israel llega de visita a casa de los protagonistas, aumentando la tensión en la ya angustosia situación familiar. En fin, todos los elementos están acomodados y esperando el más mínimo movimiento para desplomarse, el cual ocurre en la forma de un terremoto en Israel que pone al Medio Oriente en guerra. A pesar de que el acontecimiento sucede lejos de donde viven los personajes principales, la relación de su cultura con el lugar los lleva a cuestionar su identidad y, junto con Israel, la familia termina por desmoronarse y reconfigurarse.

     Las familias en crisis y las catástrofes son temas con los que Foer parece tener cierta obsesión. No obstante, por primera vez en su novelística, la catástrofe no corresponde a una tragedia del mundo real. En su novela anterior, Extremely Loud and Incredibly Close, los personajes intentan sobrellevar tanto el ataque al World Trade Center de 2001, como el bombardeo de Dresden de 1945. En Everything is Illuminated, el protagonista (una versión autoficticia del autor mucho menos sutil que el Jacob de Here I Am) indaga en la historia de sus ancestros que fueron víctimas de los Nazis. El terremoto que pone en guerra al mundo árabe en Here I am, si bien parece algo sacado de la situación actual de Palestina e Israel, no tiene ningún referente específico en el mundo exterior a la novela. Además de esto, Here I Am se distancia de sus hermanas al no presentar personajes que intentan sobrellevar una crisis del pasado, sino la forma en que dicha crisis se construye. También es interesante notar que, en las anteriores, la catástrofe externa afecta directamente a la familia y es la responsable de la crisis en la que está inmersa; aquí solo repercute en los miembros israelitas de la familia, que son personajes secundarios. El terremoto y sus consecuencias sirven más bien como símbolos que se desarrollan en paralelo a la trama principal. Estas diferencias no hacen que Here I Am sea radicalmente diferente; después de todo, las tres obras tratan los mismos elementos, solo que esta vez acomodados en otro orden, quizás como una forma de respuesta. Véase, por ejemplo, que tanto en Extremely Loud and Incredibly Close como en Everything is Illuminated, los personajes van en búsqueda de recuperar la memoria del padre. En Here I Am la paternidad vuelve a ser un tema central, aunque ahora hay tres generaciones de padres que parecen evitarse entre sí. De hecho, uno de los puntos álgidos de la trama es cuando llegan los familiares israelitas y deciden que pueden dejar su visita al patriarca mayor para más tarde, sin saber que entonces será imposible.

     El estilo de la obra es dinámico y accesible. La gran parte del bloque textual es en realidad el narrador divagando sobre el pensamiento de los personajes; sin embargo, cuando estos hablan, sus voces son distintivas y completamente congruentes con el mundo interior que había sido diseccionado antes de escucharlos. También resulta interesante la variedad de formatos de discurso que se presentan, pues no solo se reproduce la oralidad de los personajes, sino sus formas de comunicarse en distintos medios. El hijo mayor, por ejemplo, es adicto a un simulador de realidad llamado Other Life (cualquier parecido con Second Life no es coincidencia), y utiliza foros de internet en los que se comunica siguiendo pautas no necesariamente del habla cotidiana. En otra ocasión, la obra dedica una sección completa a presentar la “biblia” del guion que Jacob escribía con el fin de presentarlo a la televisora en la que trabaja y luego como un proyecto de expiación personal. Asimismo, hay personajes ambientales cuyo monólogo interior no es parafraseado por el narrador; sin embargo, su discurso se maneja con una maestría que deja expuesta su ideología de forma transparente. Tal es el caso del padre de Jacob, a quien solo conocemos por sus comentarios incendiarios que delatan cierta parcialidad en lo se sabe que su hijo piensa de él. En otro momento, se insertan textualmente los comunicados oficiales que dan los mandatarios de Israel y Palestina. La sagacidad con la que se contraponen las voces árabes con las judías resulta tan afortunada que el tono de la novela cambia drásticamente justo cuando corría el riesgo de caer en la monotonía.

     Quizá el aspecto más arriesgado de la obra es la manera en que parece exponer sus propios mecanismos. No hay símbolo, maniobra estructural o recurso que no sea notado o incluso explicado por alguno de los personajes. Esto se aprecia en las referencias intertextuales: cada que aparece una se detona un tren de pensamiento que la explica. El perro de la familia, por ejemplo, se llama Argos y, en una visita al veterinario, Jacob recuerda cuando sus hijos eran más pequeños y les leía una versión infantil de la Odisea. En otra ocasión, el protagonista descubre que tiene un tumor en la graganta, y cuando se comunica con Julia para hablar al respecto, esta nota la poesía en que el tumor parece una manifestación física de su incapacidad de hablar cuando se necesita. El propio título del libro es explicado por Sam, a pesar de que no es consciente de que es un personaje en una novela y no sabe que lo está haciendo. Cuando esto sucede, Sam piensa en el relato de la Torah en que Dios pide a Abraham que le entregue a su hijo Isaac en sacrificio. Lo que le parece conmovedor del pasaje es que el patriarca responde, tanto a Dios como a su hijo, diciendo, “here i am”, lo que, a diferencia de cualquier otra posible respuesta, muestra una entrega total hacia ambos. El problema con los Bloch es que ninguno tiene el valor de entregarse por completo a nada. Todos tienen las mejores intenciones, pero ninguno está dispuesto a decir “aquí estoy” cuando otro lo necesita o cuando se debe sacrificar algo para lograr sus ambiciones.

     Estas concesiones a veces se agradecen, aunque a veces corren el riesgo de caer en lo molesto. Sin embargo, nunca se siente como si la novela intentara llevar al lector de la mano. Quizás esto se debe a que el símbolo aparente no es lo significativo en sí, sino la obsesión de los personajes con lo que se dice y con el significado que puede tener.  “Judaism has a special relationship with words. Giving a word to a thing is to give it life. ‘Let there be light,’ God said, and there was light. No magic. No raised hands and thunder. The articulation made it possible. It is perhaps the most powerful of all Jewish ideas: expression is generative”, dice el rabino en lo que se podría considerar el segundo acto de la novela. La obsesión de los personajes con analizar y ver un significado hasta en lo aparentemente más insignificante no es solamente una de las excentricidades que suelen caracterizar a los personajes de Foer, sino una parte de su identidad judía.

     Here I Am es una obra monumental lograda con maestría, pero no está libre de fallas. A veces la introspección cae en lo tedioso, aunque esto se justifica porque cuando sucede los propios personajes están inmersos en el tedio. Esto parecería una decisión estilística “apropiada”, pero, como diría Voltaire, “todos los estilos son buenos, menos el aburrido”. En otras ocasiones, con el fin de aumentar la tensión, la narración entrega de golpe más hechos de los que se pueden procesar y, aunque al hacerlo logra su cometido, se deja expuesto parte del andamiaje sobre el que la trama se construye.

     Con esta novela, Foer no solo presenta su texto más ambicioso, sino el más maduro. Los puntos débiles de sus obras anteriores aquí no se ven más y, aunque quizá esta sea su propuesta menos radical en lo que se refiere a estilo, es por mucho la mejor lograda.  Here I Am es una novela en la que el autor entrega todo; incluso cuando no se sabe hasta qué punto lo narrado coincide con su vida, se siente tan descarnadamente personal que es como si él mismo se parara ante nosotros y gritara: “aquí estoy”.

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