Literatura

Mircea Cărtărescu, El Levante, Impedimenta, Madrid, 2015, 232 pp.


Adriana Lozano

Para el régimen comunista rumano, la posesión de una máquina de escribir representaba una amenaza; a tal grado, que todos los ciudadanos estaban obligados a declarar ante la policía si contaban con una en casa. Para publicar un texto, producido muchas veces en una de estas máquinas, los escritores tenían que someterlos a un censor, quien por norma eliminaba páginas enteras sin importar si se trataba de un libro de ficción, poesía, cocina, etcétera. Nicolae Ceauşescu y su Consejo Nacional de la Cultura Socialista y de la Educación controlaban, por completo, la vida cultural de Rumania. Fue dentro de este marco político en el que Mircea Cărtărescu se sentó a la mesa de su pequeña cocina para escribir El Levante, una epopeya de siete mil versos que retrata la lucha de un joven llamado Manoil para liberar a Valaquia de un gobierno tirano, muy parecido al que ejercía Ceauşescu desde la década de los cincuenta, al mismo tiempo que se hace un repaso de la poesía e historia rumana. Era un proyecto íntimo que significó para el autor, como lo explica Carlos Pardo en el prólogo, un ajuste de cuentas con su tiempo y con la literatura realista del momento.

     El Levante es el séptimo libro de Cărtărescu traducido al español. Antes aparecieron Por qué nos gustan las mujeres (Funambulista, 2006), el primer volumen de Cegador (Funambulista, 2010), El Ruletista (Impedimenta, 2010), Lulú (Impedimenta, 2011) Nostalgia (Impedimenta, 2012) y Las Bellas Extranjeras (Impedimenta, 2013). Publicado originalmente en 1990, después de la caída del comunismo rumano, es el último libro de poesía escrito por el autor hasta el momento y el primero traducido a nuestro idioma. Aunque es la primera vez que el lector hispanohablante se enfrenta a Cărtărescu como poeta, va a encontrarse con los elementos que han caracterizado sus cuentos y novelas: pesadillas surrealistas, una vertiente fantástica, un narrador poeta o escritor, elementos oníricos, una línea difusa entre la realidad y la ficción, androginia, reflexiones sobre la escritura y referencias metafísicas y religiosas. Sin embargo, leer El Levante es una experiencia completamente distinta. El estilo de escritura se transforma dependiendo del tramo de la historia que se esté reconstruyendo, por lo que hay secciones que recuerdan a los poemas épicos, la novela de aventuras, las narraciones modernistas, etcétera.

      Es importante tener en cuenta que El Levante que los lectores extranjeros conocemos es muy diferente al original rumano. Para facilitar la traducción y la lectura, Cărtărescu decidió eliminar algunas de las referencias locales, los juegos dialectales y pasó fragmentos enteros del verso a la prosa. Los siete mil versos alejandrinos de la versión rumana se transformaron en las 233 páginas de un texto que juega definiéndose como posmoderno. La obra, dividida en doce cantos, está inspirada en uno de los capítulos de Ulises de James Joyce, “Los bueyes del sol”, que recrea las diferentes etapas de la literatura inglesa con pastiches. Algo similar ocurre con El Levante. El autor explicó en una entrevista con Audun Lindholm para The Quarterly Conversation: “The basic style dates back to the 1800’s, with the peculiar, grandiloquent language of Romanian national romanticism. The Romanian language had not become firmly established yet, and writers had plenty of opportunity to shape their own style. Within this framework, I reconstructed all the different periods of Romanian poetry: from the oldest church songs to contemporary modernism”. No solo eso: reproduce, además, la historia política y geográfica de su país.

      En cuanto al contenido, hay dos líneas narrativas principales: la primera gira en torno a Manoil, Zenaida, Yogurta, Zoe, Antropófago y otros personajes que se unen para empezar una revolución y liberar Valaquia. La segunda línea, que en los últimos cantos se une a la anterior, es la del autor de El Levante y su proceso de escritura en su pequeña cocina en Rumania. La primera está situada en el siglo XIX, cuando el autor considera que nació propiamente la literatura de su país: “We have some older historical chronicles written by aristocrats during the 1400s. But proper literature first originated in the 1800s with the romantic poets, who were actually of Greek descent”. Dentro de esta, hay historias de aventuras, de piratas, de amor, de viajes, entre otras. Cărtărescu la describe como:“… a story, an adventure, with pirates and dramatic events, a historical novel in verse, a love story, a series of philosophical reflections—I wanted to include it all. It really is a baroque piece”. La segunda, sigue al autor y los problemas a los que se enfrenta al escribir la obra. Recuerda a El mono gramático de Octavio Paz y cómo, por un lado, seguimos la historia del autor y su esposa por la India y, por otro, el de la página en blanco a la que se enfrenta el poeta en Cambridge.

      Hay una metáfora que tiene especial importancia dentro de El Levante y que impacta tanto la  forma del texto como su historia. Se menciona por primera vez en el segundo canto, cuando el narrador expresa: “Borges, ángel con alas de nácar, cuya madre fue un espejo y cuyo padre un laberinto, habla de un poeta que aspiraba a abarcar en su poema la Esfera entera…” (p. 29). A partir de este momento, aparecen numerosas referencias a la esfera, al globo y al huevo; figuras que representan, como lo han hecho desde Jenófanes de Colofón, el infinito, la naturaleza, y la creación. Aunque el autor niega ser el poeta al que se refiere Borges, crea a partir del texto su propia esfera. El libro está dividido en doce cantos, número que se ha relacionado con la creación del universo e, irónicamente, con el gobierno perfecto. Por mucho tiempo se creyó que el sol y la luna, los gobernantes del día y de la noche, tenían que pasar por los doce signos del zodiaco, lo que completaría 360 grados (12×30) de una esfera o círculo. Los doce cantos podrían conformar, por lo tanto, un círculo o esfera. La historia, incluso, sigue un patrón similar, cíclico e infinito.

      Aunque el lector no esté familiarizado con la historia literaria y política de Rumania, va encontrarse con preguntas universales, como por qué escribir y qué significa hacerlo; reflexiones metafísicas que han surgido tanto en occidente como en oriente, y el tema de la dictadura, no muy distinta a la que se vivió en muchos países latinoamericanos. Se entiende, entonces, que Cărtărescu haya declarado: “Muchas veces bromeamos con la idea de que Rumanía es un país latinoamericano que se ha perdido en Europa porque nos unen muchas similitudes”.

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