Literatura

Adolfo Córdova, El dragón blanco y otros personajes olvidados, Fondo de Cultura Económica, México, 2016, 121 pp.


Paula Guarneros

“Siempre me intrigaron las historias posibles de los personajes secundarios […] Este libro es un homenaje a todos ellos, los secundarios, los personajes olvidados, y en particular al genio de los escritores […] Crearon para ellos momentos fugaces pero tan verdaderos que, movido por mi fascinación, quise extenderlos”. Son las palabras preliminares de Adolfo Córdova (Veracruz, 1983) para El dragón blanco y otros personajes olvidados, obra merecedora del Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada. Esta pequeña antología se compone de seis cuentos que surgen de historias obligadas para todo niño: El maravilloso Mago de Oz, Las aventuras de Pinocho, Alicia en el País de las Maravillas, Peter Pan, Los cisnes salvajes y La historia interminable. Además de su excelente presentación, lo llamativo de este libro deriva del título, pues he de suponer que más de un lector llegó a preguntarse de dónde surgieron estos personajes y la necesidad de contar sus historias. Adolfo Córdova y Riki Blanco, el ilustrador, se dan a la tarea de recuperar la importancia de algunos de los muchos personajes incidentales en libros para niños y con ello reviven y extienden el genio de los escritores, como menciona Córdova al inicio de la antología.

     La primera historia que se presenta es la del alado Rey Mono, personaje del cual, gracias a su aparición en El maravilloso Mago de Oz, de Frank Baum, sabemos que Dorothy le pidió que la llevara a Ciudad Esmeralda y que en algún momento él y su pueblo fueron libres; sin embargo, nuestro saber se queda ahí. Hasta ahora, no se había escrito cómo se originó la especie y quizá la imaginación de muchos no quiso profundizar en un personaje cuya aparición no ocupa más de unos cuantos renglones. No es el caso de Córdova, quien, en tan solo dos páginas, construye una historia capaz de reinventar el pasado del Rey Mono y escribe una razón para sus alas que satisface la curiosidad por este personaje.

     El dragón blanco y otros personajes olvidados cumple con el propósito de volver a contar a los personajes desde el olvido en el que se encuentran y sumerge al lector en un ejercicio continuo de creación. Despierta una nueva curiosidad por los personajes secundarios de las obras que escribe en la antología e incita a que el lector cree y viva nuevos relatos para sí mismo. Es así que la abuela de Aísa y Anika de “El Rey Cisne” bien podría convertirse en la protagonista de nuevas historias, gracias a la fuerza con la que Adolfo Córdova recrea a cada uno de los personajes que aparecen y protagonizan sus cuentos. Y es que esta antología no solamente se centra en historias posibles, sino que intenta explicar o dar razón de más de un personaje. Tal es el caso de la oruga, a quien primero conocemos por Alicia en el país de las maravillas y, en “El Gato en el Tren del Pensamiento”, se repasa su origen, similar al del Duque, convertido en gato por una receta de galletas que no salió del todo bien.

     Este libro destaca por el uso del lenguaje y por la complejidad de su composición. Adolfo Córdova logra un juego de voces en las que el narrador de cada una de estas historias se adapta a su origen. Los cuentos de esta antología se sienten como una extensión de las obras de las que se desprenden y, al mismo tiempo, pueden ser leídos de manera independiente, pues mantienen la individualidad que se espera de una narración de este tipo. Son uno y parte de un todo a la vez. A pesar de que lo anterior se pudiera ver como un recurso fácil de imitación, se hace notar que Adolfo Córdova conoce las historias y que se tomó el tiempo para construir a sus personajes e investigar su contexto, su idioma y su esencia. Asimismo, la mutabilidad en el tono narrativo de El dragón blanco y otros personajes olvidados hace más ligera la lectura, pues permite que las conexiones con cada uno de los referentes se hagan fácil y satisfactoriamente sin que la lectura se torne monótona o predecible.

     Otro de los aciertos de Córdova es que no menosprecia al lector joven y logra revivir la emoción de los más grandes. En Para la niña detrás del árbol, la primera novela infantil del autor, también se aprecia una narrativa que no hace menos la capacidad lectora de los niños, pero la obra se siente diferente y más cercana a la realidad: la primera novela de Córdova habla de Julián, un niño que se enamora por primera vez y no sabe qué hacer con eso que nadie le dice cómo resolver. En esta ocasión, la situación sigue siendo tangible y cercana a cada uno de los lectores, al menos para aquellos que han pasado por una etapa de enamoramiento joven o para quienes han sido espectadores de una situación similar. El dragón blanco y otros personajes olvidados se acerca de otra manera, pues atrapa al lector por medio del recuerdo y la imaginación, en cada una de las historias hay una serie de detonantes que originan una emoción inocente por reconocer o descubrir los escenarios descritos y a los protagonistas de las narraciones, quienes mantienen la cualidad de ser seres fantásticos.

     Por otro lado, las ilustraciones de Riki Blanco van de la mano con el tono de la narrativa. En este caso, la paleta de colores y el estilo elegido para las ilustraciones cumplen una función similar a la del juego de voces en la escritura, pues le da unidad a la composición gráfica del libro y al mismo tiempo ayudan a construir la identidad de cada uno de los fragmentos.

     Se podría poner en duda si realmente la obra está escrita para un niño o si es una antología que persigue otros fines, bien podría estar hecha para los adultos que no hemos podido desaferrarnos de la inocencia y de las historias fantásticas. El dragón blanco y otros personajes olvidados es un libro bien pensado, no solamente por la calidad de la escritura, sino por la planeación que se aprecia en el diseño del mismo. Como cuando éramos niños, te duele que se acabe, porque significa soltar nuevamente las historias de brujas, flores y gatos para volver a la seriedad y monotonía del día a día.

  • Mario Granados says:

    Los cuentos de ese libro son una maravilla, más que como unidades independientes, sobre todo en su conjunto. El entramado interno de cada cuento y cómo se tejen unos con otros es complejísimo y muy contemporáneo: cada cuento existe como parte de un sistema hipertextual. Toda una sorpresa encontrar a un autor explorando estas vías y con literatura clásica infantil. No termino de entender las categorías de “infantil” y “juvenil”, ni sé qué se le pide a los autores de “libros para niños” para que su libro sea considerado “para niños”. Sé que algunos escritores de “literatura infantil” dicen que ellos escriben y ya. Yo creo que la buena literatura para niños es buena literatura y listo. Coincido contigo en que no será para niños pequeños, pero sí quizá para niños de 11, 12, y para jóvenes… en cualquier caso es para todos. Y por eso me parece también un gran libro.

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