Literatura

Eka Kurniawan, Beauty is a wound, New Directions, New York, 2015, 384 pp.


Adriana Lozano

Ninguno de los personajes de Beauty is a wound de Eka Kurniawan debió de haberse sorprendido mucho cuando vieron a Dewi Ayu, una famosa prostituta, salir de su tumba después de haber sido sepultada veintiún años antes. Digo que no debieron espantarse, aunque sí lo hicieron, porque crecieron en Halimunda, una ciudad ficticia en Indonesia en la que sucesos como ese, extraños, inexplicables y sobrenaturales, ocurrían con bastante regularidad; un cerdo, por ejemplo, se convirtió en hombre, un guerrero demostró ser inmune a las balas, un niño pidió a un fantasma las respuestas de un examen, dos bebés desaparecieron del vientre de su madre, una mujer se casó con un perro y otra comenzó a volar después de tirarse de un barranco. Kurniawan reconstruye así, entremezclando hechos fantásticos con datos históricos, la violenta historia de Indonesia, desde el colonialismo holandés y la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, hasta la Independencia, las masacres de la década de los sesenta y el gobierno de Suharto, considerado por Transparencia Internacional como el hombre más corrupto del mundo.

     La novela fue publicada en el 2002, tan solo cuatro años después de la caída de Suharto, durante un importante periodo de ajuste de cuentas con el gobierno y de una división de autoridad política en el país. Trece años más tarde, la traducción de la obra al inglés, a cargo de Annie Tucker para New Directions, coincide con una nueva ola de crítica y concientización. La novela y documentales como The act of killing (2012) y The look of silence (2014), dirigidos por Joshua Oppenheimer, Christine Cynn y un indonesio anónimo, exhibieron en un escenario internacional el genocidio de 1965, hasta ahora escasamente divulgado, en el que se cree que un millón de personas, supuestos miembros o simpatizantes del Partido Comunista Indonesio (PKI), fueron asesinados. No nos debe sorprender tampoco a nosotros, entonces, que las calles y casas de Halimunda estén repletas de fantasmas comunistas.  Menos aún que Dewi Ayu, como Indonesia, haya despertado de un largo sueño para salvar a sus hijas, o siguiendo la misma metáfora, los ciudadanos del país, de una maldición impuesta desde la era colonial.

     Como lo hacen los titiriteros en el wayang (teatro de marionetas), Kurniawan narra una historia oscura, en la que aborda y exhibe problemáticas políticas y sociales de Indonesia, como lo son las violaciones sexuales, los asesinatos masivos y el capitalismo salvaje, que contrastan con el estilo ligero y humorístico de su narración. La manera en la que explora estos temas, apreciable especialmente en las descripciones y en la construcción de sus personajes, está influenciada por las lecturas de su niñez y juventud: pulp fiction (conocido como sastra picisan), historias de artes marciales (llamadas cerita silat en Indonesia), las novelas de horror, el Mahábharata y el Ramayana. Recurrir a estas fuentes locales como inspiración, al igual que optar por escribir en indonesio a pesar de representar un reto (el idioma fue instituido a nivel nacional en 1945 y se encuentra en un rápido proceso de desarrollo y evolución difícil de transmitir en los diálogos), parecen cumplir una función especial: capturar la esencia del país a través de sus tradiciones, leyendas, supersticiones y memoria histórica.

     Una vez que ha resucitado, Dewi Ayu decide visitar su antiguo hogar para conocer a su cuarta hija, Beauty. “Twenty-one years ago, she had died twelve days after giving birth to a hideous baby girl, so hideous that the midwife asisting her couldn’t be sure whether it really was a baby and thought that maybe it was a pile of shit, since the holes where a baby comes out and where shit comes out are only two centimeters apart” (p. 3). Antes de su muerte, Ayu había estado obsesionada con la idea de tener una hija con una apariencia espantosa, ya que tanto ella como sus otras tres hijas, Alamanda, Adinda y Maya, todas famosas por su belleza, habían sufrido a causa de la ambición o amor irracional de los hombres más influyentes de Haliminda. Su vida y su experiencia le habían enseñado una cosa: “There is no curse more terrible than to give birth to a pretty female in a world of men as nasty as dogs in heat” (p. 5). La belleza es el catalizador de las desgracias familiares, por lo que lo grotesco y la fealdad cobran gran importancia dentro de la narración. Es, además, una herramienta subversiva utilizada en la tradición indonesia.

      Son tres los personajes masculinos que determinan el curso político de Halimunda: Shodancho, un comandante militar violento, Maman Gendeng, un revolucionario convertido en gángster, y Comrade Kliwon, un líder comunista. A partir de sus interacciones, los personajes femeninos parecen representar a Indonesia, mientras que los personajes masculinos, en su anhelo por poseer un ideal, en este caso a Dewi Ayu y a sus hijas, encarnan la violencia y la destrucción relacionadas con ideologías políticas y económicas. A través de ellos, Kurniawan exhibe, además, los resultados de un sistema socio-económico que no funciona y que promueve un ciclo de violencia. En este sentido, las palabras de Maman Gendeng son relevantes no solo para Halimunda o Indonesia, sino para todo el mundo. “They believe that we are the garbage of society […] This is true, but many of us never got enough education to make anything of ourselves, and they closed the doors on us. What can be done if we finally became robbers, became pickpokets, and only bided our time until we could get revenge on the people who made us jealous?” (p. 432).

      Al final de Beauty is a wound, Dewi Ayu se percata que no es la belleza la maldición de Halimunda o de su familia, ya que ni siquiera Beauty se salva del sufrimiento. Descubre que no es una característica exterior o superficial la causante de sus sufrimientos, sino algo mucho más complejo: la historia de numerosas injusticias, violencia y arrebatos que ha sufrido un país como Indonesia. Detrás de la maldición está un espíritu que buscó vengarse de la familia de un terrateniente danés, abuelo de Dewi Ayu, que robó al amor de su vida y la obligó a convertirse en su concubina. Las acciones del espíritu podrían ser vistas como una metáfora de las víctimas de la colonización holandesa o, como bromea Kurniawan, como “… as simple as the revenge of a man who has a broken heart because his friend is stolen by the landlord”.

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