Literatura

William Shakespeare, Romeo y Julieta, trad. de Alfredo Michel Modenessi, Educal, México, 2017, 175 pp.


Alicia Leal

Esta versión de Romeo y Julieta fue realizada para el montaje de Mauricio García Lozano en el Teatro Helénico de la Ciudad de México hace un año. Su objetivo principal era “ofrecer a los actores mexicanos los valores íntimos del texto de Shakespeare mediante un lenguaje connatural a nuestro uso y experiencia del español, sin caer en el coloquialismo” (p. 31). El traductor, Alfredo Michel Modenessi, es uno de los mayores conocedores de Shakespeare en Latinoamérica. Por ahora, es el único miembro hispanoamericano de la International Shakespeare Conference y del comité ejecutivo de la International Shakespeare Association. Ha traducido y adaptado más de cuarenta y cinco obras de teatro; entre ellas varias de Shakespeare, como La Tempestad, Ricardo III, Julio César, Otelo, Antonio y Cleopatra, y claro, Romeo y Julieta. Actualmente se encuentra escribiendo un libro sobre Shakespeare y el cine mexicano.

La obra consta de dos partes: una introducción escrita por Modenessi y el guión del montaje. Así, por un lado, tenemos las perspectivas perspicaces de Modenessi sobre Shakespeare, y, por otro, la historia de Romeo y Julieta en términos indudablemente mexicanos, factor que tomaré en cuenta más adelante para hablar sobre las razones de por qué vale la pena leer a Shakespeare traducido.

En su introducción, Modenessi establece varios puntos que desmitifican una tendencia común hacia Shakespeare. Primero, enfatiza que, más que ser poeta o pensador, Shakespeare es un “dramaturgo poético”, pues, ante todo, se concentró en escribir libretos teatrales para ser representados, no poesía. Su trabajo, por ende, no se dirige hacia los lectores comunes y corrientes, sino a los artistas que han de llevar la obra al escenario. Ellos realizan lo que el libreto exige: el teatro. Y a la típica descripción de sus textos como “poesía sublime”, el traductor resalta que en Shakespeare encontramos contradicciones, fallas, e incluso, versos sumamente vulgares y no del todo “sublimes”, como los de Mercucio en Romeo y Julieta. Después, Modenessi ahonda en el protagonismo de Julieta y describe como “versión simplona” la trama de la obra como una situación trágica entre dos jóvenes amantes. En realidad, la trama principal es la “tensión permanente en la juventud entre querer ser y no poder ser” y Julieta (más que Romeo) representa justamente eso, pues es el personaje que más ansiedad tiene por vivir y amar, y a la vez, el más reprimido en una sociedad patriarcal. Modenessi reflexiona sobre el amor de la historia, no de manera sosa como se acostumbra, sino como un amor que es infructuoso debido a la falta de voluntad por parte de los padres para generar un ambiente de unidad y de coexistencia entre las familias enemistadas. “Romeo y Julieta es un drama particularmente apto para reflexionar sobre la relación de los adultos y jóvenes en un entorno de violencia, y sobre los roles de ambas partes en ese dominio” (p. 30).

Honestamente, ¿quién habría pensado que Romeo y Julieta plasmara los problemas actuales de muchos adolescentes? Claro, no vemos noticias en el periódico sobre el suicidio trágico de dos jóvenes que no podían estar juntos, pero el “querer ser y no poder ser” se ve reflejado en todos los rincones del México adolescente. La violencia psicológica ejercida por los padres hacia sus hijos no es algo fuera de lo normal; se percibe en el control sobre la apariencia de sus hijos, sus decisiones sobre la escuela, la carrera, el novio/a, el trabajo, etc. Todo joven ha experimentado el querer llevar algo a cabo sin poder hacerlo por sus padres.

Una tercera postura que propone Modenessi en su introducción, y que está relacionada con el guión del montaje, es referente a la tarea de la traducción y la complejidad de esta. No se trata de encontrar las palabras en nuestra lengua para explicar lo que se expresa en el lenguaje ajeno. La traducción teatral es más que eso, es traducir el acto dramático. Si uno se conforma con traducir la literalidad de las expresiones, en realidad no traducirá nada de lo que Shakespeare buscaba transmitir. La tarea reside en crear una experiencia dramática, en entrar en comunión con el teatro. Y es precisamente lo que Modenessi busca hacer: que los mexicanos conversen con Shakespeare en su propio lenguaje. Modenessi emplea términos totalmente mexicanos sin cambiar el significado de los pasajes shakespearianos. Entre ellos el diminutivo “Julita” para referirse a Julieta, la frase “chipote así de grande en la frente”, las expresiones “¡Jesús, María y José!”, “le parto la mollera” o “putita”.

Cuando leí Romeo y Julieta por primera vez en español, fue en la versión de Enriqueta González Padilla. En ella hay varios versos que no parecen expresar el acto dramático y que son muy largos para ser recitados por los actores, a diferencia de la traducción de Modenessi. Él, por otro lado, se apega a versos cortos y fáciles de recitar, con musicalidad, y, aparte, cuida meticulosamente el significado de los pasajes. Lo más notable, indudablemente, es la traducción al español mexicano. La perspectiva cambia radicalmente, así como la interpretación de la obra. Es mucho más grato leer a Shakespeare en términos con los que estamos familiarizados, en un lenguaje propio, pues nos acercamos a él de manera más íntima, más real. Hay quienes afirmarían que no es Shakespeare porque no estamos leyendo sus palabras exactas. Pero Modenessi defiende que sí, porque no se trata de las palabras exactas, sino del significado del acto dramático. Y si nosotros podemos entender aquel significado fácilmente en términos mexicanos, ¿por qué condenarlo? ¿Por qué pensar que el inglés es la única manera real de acercamiento a Shakespeare? Aquello demerita por completo el arte de la traducción y nos puede alejar de una forma accesible para conocer a Shakespeare. La traducción de Modenessi es absolutamente shakesperiana, solo que adaptada a nuestra propia lengua y circunstancia.

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