Literatura

Alain-Paul Mallard, Nahui versus Atl, Turner, México, 2016, 232 pp.


Emma Gómez

Antes de convertirse en una novela, Alain Paul Mallard –el autor de Evocación de Matthias Stimmberg– había escrito esta obra como guión cinematográfico. Al leerla, el lector se convierte más bien en un espectador de escenas. La brevedad de los capítulos (ciento doce) funciona como una ventana para asomarse a breves instantes de la tormentosa relación entre Nahui y Alt. En el postfacio, el autor explica el método que utilizó: la hipotiposis, “figura retórica que busca y consigue el efecto de realidad en una acumulación de detalles tan viva y energética que, por así decirlo, pinta la escena ante los ojos como si el velo del discurso que la relata simple y llanamente no existiera” (p. 215) En otras palabras, retrata las escenas de una manera tan realista y llena de vida como si el espectador estuviera en el momento, presenciándolo todo.

Al iniciar la historia el lector se encuentra con una vieja que misteriosamente lo va conduciendo a una casa antigua y lleva consigo un gato muerto que ha recogido de la calle. Al llegar, prepara una pócima y abre un baúl, en donde hay fotografías de una joven de ojos verdes, entre otras cosas. La mujer se pone el menjurje en el rostro y se mira en el espejo, ahora tiene un rostro joven con hermosos ojos verdes. En esta primera parte, la vieja evoca a Nahui y es a través de este recuerdo que la historia comienza a narrarse. El lector-espectador se sumerge pronto en el México posrevolucionario y se encuentra en el ambiente bohemio de la época donde figuras como Diego Rivera, Tina Modotti y José Clemente Orozco, entre otros, se unen en fiestas y reuniones para convivir con los protagonistas.

Antes de convertirse en Nahui Ollin, su nombre era Carmen Mondragón. Hija de un contrarevolucionario, su regreso a México está marcado por el estigma de su padre. Carmen huye con el encantador Gerardo Murillo, alias Dr. Atl y de esta forma inicia su romance. La metamorfosis que sufre Carmen Mondragón inicia con la elección de su nuevo nombre, que en náhuatl significa el cuarto movimiento del sol, “Nahui Ollin; el cambio, la renovación en el conflicto” (p. 59). El nombre representa, como ella misma, el movimiento continuo y es entonces cuando Nahui abre la puerta a toda creatividad artística.

Mallard retrata su tiempo de esplendor, alrededor de cinco años, y en este se puede apreciar las etapas artísticas y emocionales por las que pasa. Nahui es una mujer con una gran belleza que destaca por su personalidad rebelde y libre de toda atadura, impuesta por la época. Esta rebeldía la lleva a expresarse con su propio cuerpo. Por otra parte, su relación con Atl la ayuda a explorar su arte, aunque antes de estar con él ya se proclamaba a sí misma como pintora y poeta. Su gran belleza y ferocidad la llevaron a convertirse en la musa para muchos artistas, como Diego Rivera. Por sus ideas, podría ser considerada, de hecho, como una prefeminista.

Aunque la novela gira en torno al romance entre Atl y Nahui, es a ella a quien se puede ver más de cerca. La intensa relación que llevan al principio toma al arte como un aliado, como un elemento de cohesión; no obstante, es por el mismo que comienza a fracturase. En el libro se puede ver un amor lleno de llamas, de pasión, con una fuerza que parece ser capaz de destruir. La destrucción comienza muy pronto y se presenta como predestinación; Nahui misma intuye su declive futuro. Elena Poniatowska señala en un artículo sobre la novela publicado en La Jornada: “tal y como lo describe Mallard, una relación tan intensa entre una volcana y un vulcanólogo tenía que hacer erupción”.

El lugar central de esta explosión, tanto amorosa como artística, ocurre en el convento de la Merced. Este se vuelve testigo de los días en la azotea, donde se bañaban en los tinacos mientras los inquilinos protestaban; de las peleas, las risas, el llanto y los encuentros violentos. Al estar con un pintor famoso, se podría pensar en primera instancia que Nahui podría no haber tenido la oportunidad de destacar, pero la obra nos demuestra que ella brillaba por sí sola, no solo por su gran belleza y arte, sino también por su personalidad retadora.

Nahui versus Atl rescata, además del romance entre dos figuras importantes del México posrevolucionario, a Carmen Mondragón, una mujer fascinante, con una visión que no encajaba en ese momento en la historia del país. Con la investigación como respaldo, Mallard logra verdaderamente recrear al personaje. El propio autor ha declarado: “mucho se ha escrito sobre Nahui Olin, pero a mi entender todo es basura, salvo lo escrito por Elena para un libro que se llamó Las siete cabritas y algo de José Emilio Pacheco en su ‘Inventario’ para la revista Proceso”.

Nahui Olin es así sacada del baúl lleno de polvo para volver a la vida y ser recordada a través de este texto. A fin de cuentas, es su vida la que merece ser traída a la luz. Esa fue su máxima transgresión; por ser capaz de enfrentarse las convenciones marcadas por la sociedad de la época y ser ella misma sin importar nada ni nadie. Quien lea Nahui versus Atl, no la olvidará.

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