Literatura

John Banville, Mrs. Osmond, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2017, 369 pp.


Celina Garza

En el prefacio de la segunda edición de The Portrait of a Lady, Henry James describe el proceso creativo detrás de su escritura. Cita al ruso Iván Turgueniev: “It began for him always with the vision of some person or persons, who hovered before him, soliciting him, as the active or passive figure, interesting him and appealing to him just as they were and by what they were. He saw them, in that fashion, as disponibles, saw them as subject to the chances, the complications of existence, and saw them vividly, but then had to find for them the right relations, those that would most bring them out; to imagine, to invent and select and piece together the situations most useful and favourable to the sense of the creatures themselves, the complications they would be most likely to produce and to feel”. Así, James concibió primero a su protagonista, Isabel Archer, y a partir de ella escribió uno de sus libros más reconocidos.

La novela más reciente de John Banville, Mrs. Osmond, es una clase de continuación o secuela de The Portrait of a Lady. El autor irlandés ha señalado anteriormente la gran influencia de Henry James sobre su obra, algo que es evidente en la prosa poética y compleja de Banville, mediante la cual ha logrado reconocimiento como uno de los autores más importantes de la lengua inglesa en la actualidad. Su último proyecto presenta una digresión de sus obras con mayor éxito, en las que reflexiona sobre temas como la subjetividad, la memoria, el individuo y el lenguaje, frecuentemente a través de un narrador masculino con un tono confesional.

Para comprender Mrs. Osmond, es necesario tener conocimiento sobre los eventos principales de la trama de The Portrait of a Lady. La novela de James gira alrededor de Isabel Archer, una joven estadounidense que viaja a Europa tras la invitación de su tía. La famosa protagonista se caracteriza por su vivacidad y amor por la independencia, y por su deseo –un poco ingenuo, a veces– de experimentar la vida por sí misma. Isabel despierta el interés de varios hombres, y rechaza rápidamente una serie de propuestas de matrimonio con la esperanza de retener su independencia y viajar por el mundo, algo que se hace posible cuando hereda una fortuna. Sin embargo, Isabel pronto cae bajo los encantos de Mr. Gilbert Osmond, un expatriado estadounidense que vive en Florencia con su hija. Osmond atrae a Isabel por su aparente amor al arte y la belleza, y su desprecio del dinero y la sociedad, y finalmente accede al matrimonio. La felicidad inicial se desvanece rápidamente; Osmond la repudia y maltrata, y la pareja vive distanciada, aunque mantiene las apariencias frente a la sociedad. Eventualmente, Isabel se da cuenta que su matrimonio sucedió gracias a la maquinación de Serena Merle, una mujer que conoció en Europa y consideraba su amiga. Pansy, la hija de Osmond, resulta ser el fruto del amorío entre Serena Merle y Gilbert Osmond, no del primer matrimonio de este, como ella había asumido. Isabel se enfrenta con la realidad de que Osmond se casó con ella por su dinero, y lo que ella siempre había concebido como su propia elección en realidad fue una manipulación por parte de Merle y Osmond. Isabel se da cuenta que ha vivido engañada. Tras este descubrimiento, Isabel regresa a Inglaterra para acompañar a su primo, Ralph Touchett, en sus últimos días de vida, a pesar de las objeciones de su marido.

La novela de James termina cuando, después de la muerte de Ralph, Isabel abandona la casa de los Touchett. Mrs. Osmond comienza con Isabel en un tren camino a Londres, confundida e insegura de su rumbo. El epígrafe del libro, extraído de la novela de James, nos da una idea de las intenciones de Banville: “Deep in her soul –deeper than any appetite for renunciation– was the sense that life would be her business for a long time to come”. Banville imagina lo que podría ser la vida de Isabel después de The Portrait of a Lady.

En las primeras escenas de la novela, Banville realiza un juego literario interesante: la figura de James aparece en el restaurante de un hotel, e Isabel se sorprende ante algunas de sus propias acciones. Es como si el autor sugiriera que James ha soltado al personaje, quien titubea antes de que Banville lo adopte y dirija de nuevo sus acciones: “It was as if she were an invalid making her feeble way over a difficult terrain, who had found suddenly that a hand that had been sustaining her for so long she had ceased to notice its support had suddenly been withdrawn, leaving her to totter alone” (p. 21). Así, como Turgueniev, Banville concibe a los personajes de James como disponibles, para retomarlos e imaginar sus aventuras y preocupaciones. Tristemente, el tratamiento que Banville da a la protagonista es decepcionante.

Los lectores de Banville reconocerán en Mrs. Osmond algunos de los elementos típicos de sus novelas: el estilo barroco, descripciones de obras de arte y largas digresiones que a veces resultan en una lectura lenta. Tal vez lo mejor logrado en la novela es la imitación del estilo; algunas de las oraciones de Banville parecen copiadas directamente de James. La trama de la novela consiste principalmente en la deliberación y resolución por parte de Isabel sobre qué hacer acerca de su relación con su esposo y la infelicidad en la que se encuentra. En el transcurso descubre, gracias a su sirvienta, que la traición de Osmond y su crueldad van más lejos de lo que ella pensaba. Además del repertorio de personajes existentes en la novela de James, Banville introduce a algunos protagonistas nuevos. Staines, la sirviente de Isabel, es una mujer obstinada que parece invertir los roles, de manera que Isabel frecuentemente la obedece a ella. También conocemos a Miss Janeway, una mujer que Banville, a través de Isabel, describe como “a person of pamphlets and polemics, of parades and protests: in a word, a member of that species, still rare at the time, known as the New Woman” (p. 31). La caracterización de este personaje y la relación que Isabel desarrolla con ella y lo que representa es tal vez lo más desafortunado del libro. Aunque The Portrait of a Lady siempre tuvo una corriente feminista, la inserción de temas de género como el sufragio femenino y el matrimonio en Mrs. Osmond resulta forzado e incómodo. Esta incomodidad aumenta con la sugerencia insensata de que una de las protagonistas es lesbiana, ya que no se encuentra indicio anterior de esto en la novela de James ni en la de Banville. El intento de adoptar una protagonista femenina es torpe; en manos de Banville, Isabel es inconsistente y frívola. De la protagonista, escribe: “It was time for her to step forth and stand up straight and live– and live” (p. 305), y, “She suspected the light that Ralph and the others had detected shining from her was no more than the outward glow of her own self-regard” (p. 51). La evolución del personaje es poco convincente o imaginativa en comparación del personaje complejo que se encuentra en la obra de James.

El mejor momento de la novela es cuando Banville deja a un lado a Isabel y se adentra en la consciencia de Gilbert Osmond. Aquí brilla el estilo y las reflexiones que ya conocemos de este autor, y esto es fácil de comprender: desde su concepción en la novela de James, Gilbert Osmond siempre fue un protagonista típico de Banville. Un hombre de mediana edad, un artista frustrado (Osmond pinta, aunque no muy bien), pero siempre preocupado por la estética, egocéntrico y narcisista, que se siente fuera de lugar dentro de su propia realidad: “He had always fancied himself a person misplaced in time; his was a sensibility more attuned, he was convinced, to a grander, more garlanded age, an age in which his talents would have shone with a more vivid flame than ever they could be fanned to by the vapid breezes of the prosaic present day” (p. 179). Este pasaje podría ser fácilmente una descripción de otro de los personajes de Banville, como Alexander Cleave o Freddie Montgomery, pero también es completamente verosímil del Osmond que conocimos en The Portrait of a Lady, quien reúne las características y consciencia típica del personaje Banville: “This gentleman was one of those fortunate beings who are more than capable of imagining that a misdeed kept sunk out of sight for sufficiently long –some two decades, in this case– is not a misdeed at all; that it is, by the slow action of erosion, assuaged and neutralised and rendered harmless” (p. 184). Sin embargo, esto ocupa solo una pequeña parte de la novela.

Aunque Banville, como siempre, presenta pasajes literarios espléndidos y giros en la trama interesantes, no logra dar un seguimiento satisfactorio a una de las protagonistas más reconocidas de James. Las mujeres de Banville normalmente están en la periferia, son figuras que rodean la vida de sus protagonistas masculinos y que solo sirven como fuente de reflexión, arrepentimiento o deseo de los mismos. Isabel parece estar fuera del alcance del autor, y su homenaje a James fracasa en su intento de adoptar a un personaje que está tan alejado de los que le son familiares.

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