Literatura

Raduan Nassar, Labranza arcaica, Sexto Piso, México, 2018, 137 pp.


Paula Guarneros

La primera novela de Raduan Nassar (Pindorama, 1935), publicada a sus cuarenta años, es una de las tres únicas obras que el autor escribió antes de retirarse a una granja brasileña. Escrita en 1975, en Labranza arcaica el ritmo y el sonido de las oraciones cobra especial relevancia en la construcción de una historia; la novela se vuelve más fácil de entender cuando se escucha o se lee en voz alta. La obra utiliza una estructura de tiempo necesaria para la construcción de una historia muchas veces paralela a textos religiosos.

Raduan Nassar ilustra a sus personajes con un tono bíblico que se hace evidente en la prosa y en la atmósfera de la obra. Es así como desde el inicio se hacen y entremezclan distintas referencias bíblicas; la lectura nos recuerda a Esaú y Jacob, a Abraham, a ciertas parábolas… Labranza Arcaica no solamente se trata del hijo pródigo, sino también de las leyes divinas. Además, se insertan los sermones del padre como si fueran las enseñanzas de Cristo; este recurso es uno de los que refuerzan el sentimiento religioso del libro. A pesar de ello, existe una diferencia esencial entre las parábolas originales y las insertadas en el texto, pues las pertenecientes al recuerdo del padre de André tienen un mal final, quizá como una previsión del final del libro. Estas citas podrían recordar a otro recurso utilizado en Un vaso de cólera, novela posterior del mismo autor, pero publicada anteriormente por Sexto Piso, en la que se insertan citas de Joyce, Pessoa y Jorge Lima. La diferencia es que la cita textual contrasta con el recurso basado en el tono narrativo de la otra obra.

Tanto en Un vaso de cólera como en Labranza arcaica existe una violencia explícita en el tono narrativo. En la primera se va desarrollando a lo largo de la obra, hasta que al final termina por tomar una forma física. Por otro lado, la violencia que importa en Labranza arcaica es de carácter emocional, pues el exilio, el rechazo de Ana y las diferencias marcadas del narrador hacen que se excluya y viva con resentimiento hacia el resto de su familia y de la sociedad. Aun así, las agresiones de Un vaso de cólera son más fáciles de asimilar y entender, pues la dinámica fallida es de una pareja de la que no sabemos mucho sino hasta que se utiliza su información para construir los ataques verbales, que dejan ver cuáles son los mecanismos de poder utilizados en la relación.

André, el narrador y alrededor de quien se forma la historia, no es parte de la familia, habla desde el recuerdo y la espera del tiempo que dictará su porvenir. Su relación con la familia es forzada y antinatural; su padre describe en el sermón del capítulo IX una relación que se opone a los principios de André, a su añoranza por fundirse con el campo, la tierra y por relacionarse de una manera especial con las vacas, los becerros, las plantas y Sudanesa. Es visto como un animal, incluso por él mismo, quien se describe “redescubriendo sin demora en mí todo lo animal, pezuñas, quijadas y espuelas”. Este personaje es la pasión de la naturaleza que se opone a toda ley que rige en su familia. En el capítulo XII, se ve una extrañeza hacia el exterior por parte del resto, quienes tienen un plan de mantenerse en el hogar y abrigarse con lo conocido.

André rompe con el molde y la tradición familiar al exiliarse por amor. Es el hijo que, finalmente, vuelve para romper con los estándares familiares e interrumpir el curso natural establecido para su apellido a lo largo de las generaciones. En la obra destaca la figura del padre recto e impasible; la figura paterna se mantiene como una estructura familiar irrompible desde el abuelo: “nadie amó más, nadie conoció mejor el camino de nuestra unión, siempre guiada por la figura de nuestro abuelo, ese viejo espigado esculpido con la madera de los muebles de la familia; era él, Pedro, era él en verdad nuestra veta ancestral […] en realidad era él quien nos guiaba”. En seguida, Pedro —el hermano encargado de hacer que el hijo pródigo vuelva— reafirma la posición intocable del padre: “ «Pedro, hermano mío, eran inconsistentes los sermones de nuestro padre», dije de pronto con la frivolidad de quien se rebela, sintiendo por un instante, aunque fugaz, que su mano ensayaba con aspereza el gesto de reprimenda”. En el pasaje se aprecia tanto el recelo de André, el hijo exiliado, como la firmeza de Pedro, el primogénito que indudablemente reemplazará con el tiempo las figuras del abuelo y el padre:  “su mano dibujó garabatos en el aire, atemorizadores, esa misma mano que ya ensayaba con seguridad la sucesión de la mano de nuestro padre”.

Labranza arcaica puede ser un libro al que es complicado acercarse en un principio, pues la prosa trabajada y abundante en metáforas crea imágenes que pueden hacer que el lector pierda el hilo en el primer acercamiento. A esto se suma un rechazo inicial hacia lo que parece un exceso de punto y comas que, sea por la traducción o por la versión original, favorece el ritmo, pero entorpece la lectura al mismo tiempo. Si bien la obra se logra con maestría, Sexto Piso deja algo que desear, pues en la obra se observa una gran variedad de errores en cuanto a la disposición del texto que distrae de la lectura; las líneas se prestan a la confusión entre renglones y los grandes espacios en blanco generan falsas pausas y ritmos equivocados. Estos errores son especialmente importantes si se toma en cuenta que las pausas y el ritmo de la lectura son esenciales, pues hay una importancia evidente del tiempo, tanto dentro de la lectura como a nivel estructural.

Dentro de la obra se pide paciencia y se habla del tiempo como una entidad capaz de construir y definir el futuro; por otro lado, en la estructura es necesario entender en qué momento suceden las acciones y qué se deriva de ellas. Es así que la obra se define por el tiempo en diversos niveles. Es el tiempo el que entrelaza la trama y construye la forma del libro. El pasado y el presente se intercalan y conviven de manera que se complementan y permiten que se dé un panorama general de la historia a partir de los fragmentos en diferentes tiempos narrativos.

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