Literatura

Philip Pullman, La Belle Sauvage, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2017, 449 pp.


Arturo Cárdenas

A excepción de algunos afortunados en cuyas familias había una inclinación literaria, son pocos quienes pueden jactarse de que los textos que los formaron como lectores fueron grandes obras de la literatura universal. Muchos de nosotros, a falta de dirección, pero con un apetito voraz por la lectura, empezamos con un canon personal del que al llegar la adultez no hablaríamos con orgullo, formado por los grandes éxitos comerciales y libros para jóvenes adultos que terminan por volverse la comidilla en ámbitos cultos. No hay ningún afán de demeritarlos al referirme así a ellos, muchos nunca hubiéramos llegado a la Odisea si una referencia en Harry Potter no nos hubiera llevado a ella. La noticia de la publicación de La Belle Sauvage fue, a nivel personal, un zambullido en la nostalgia, pues se trata del regreso a la vida de la última saga juvenil que leí antes de saltar a lo que vagamente podría llamarse Literatura con letras grandes.

Llegué a la saga de His Dark Materials bastante tiempo después de su publicación, cuando ya estaba establecida como un clásico juvenil y como una de las obras más polémicas en su nicho. Corría el año 2006 y la manía por El código Da Vinci estaba en su auge: había programas sobre el Santo Grial en todos los canales, NatGeo y Discovery dedicaban semanas completas a documentales sobre sociedades secretas y misterios en el Vaticano, las abuelas se abanicaban ante la mención de María Magdalena y el seis de junio marcaría el número de la bestia en el calendario. En fin, el mundo religioso estaba de cabeza. Yo, un joven de familia católica que cursaba el último año de primaria estaba fascinado por todo el asunto; sin embargo, a pesar de que mis papás no eran personas particularmente librescas (lo que me había dado paso libre a leer cosas a las que quizá no debía tener acceso a esa edad), no hubo forma de convencerlos de que me compraran el libro que parecía estar en el centro del revuelo (cosa que, por lo que he escuchado, debería agradecerles). Pero el morbo antirreligioso ya estaba ahí y tenía que ser saciado. En los libros de Pullman encontré el caballo de troya para pasar la censura de mis padres pues, a fin de cuentas, eran apropiados para mi edad y no se tomarían la molestia de investigar mucho sobre el contenido.

His Dark Materials es el hijo rebelde de las sagas juveniles, en ocasiones demasiado culto para su público, pero nunca lo suficiente para considerarse literatura adulta. Sería fácil compararlo con Narnia (comparación que sin duda molestaría al autor) por las similitudes en temas y construcción de universos, pero lo cierto es que sería más fácil considerarlas completos opuestos. Aunque en ambos hay animales que hablan y viajes interdimensionales, la diferencia clave es su postura ante la religión: Las crónicas de Narnia es una no muy velada alegoría cristiana en la que Dios es sustituido por Aslan el león y cada libro emula un pasaje de la Biblia (no debe olvidarse que en La bruja, el león y el ropero, Aslan se sacrifica, resucita y baja al palacio de la bruja para rescatar a los condenados). En los libros de Pullman, en cambio, no existe el velo de la alegoría y sus posturas antirreligiosas apenas se esconden bajo el escudo de que gran parte de la trama ocurre en universos diferentes al nuestro.

La Belle Sauvage no es una entrega más de la saga de His Dark Materials, sino el principio de una nueva trilogía, The Book of Dust, que toma lugar en el mismo multiverso. Respecto a la relación entre ambas series, Pullman ha dicho que aunque La Belle Sauvage puede considerarse una precuela a The Golden Compass (primer libro de la serie original), los próximos dos libros ocurrirán en tiempos simultáneos y posteriores a los originales, de manera que la serie en su totalidad no funciona como precuela o secuela y propone un término que podría traducirse como “ecuela”. Esta distribuciòn quizá vuelva a remitir a las Crónicas de C.S. Lewis, con las cuales hay debate respecto a si deben de leerse en orden cronológico o en orden de publicación (El sobrino del mago y El muchacho y el caballo, fueron los últimos en publicarse, pero en la línea temporal del universo serían respectivamente el primer y tercer libro de la serie). Pero es de suponerse que esta no es una cuestión relevante mientras la nueva serie esté incompleta y el lector no tenga que verse en la difícil decision e intercalar la serie original con la nueva o leerlas por separado.

El universo en el que ocurren los libros de Pullman es bastante complejo y tiene elementos tanto de fantasía como de ciencia ficción. El planteamiento es que existen muchas dimensiones y es posible viajar entre ellas. En el universo en que se lleva a cabo la mayor parte de la trama, la iglesia nunca se separó del estado y lleva el nombre de Magisterio. Esto da como resulltado que muchas cosas no se hayan desarrollado de la misma manera en que lo hicieron en el nuestro: lo que conocemos como física se llama teología experimental; la energía eléctrica es energía ambárica, Rusia se llama Muscovia etc. Más allá de esto, el rasgo más llamativo es que las personas no tienen el alma dentro de su cuerpo, sino que se manifiesta fìsicamente en la forma de un animal llamado daimón que los acompaña a todas partes. Durante la infancia los daemones cambian de forma, pero se van asentando hasta tomar una forma definitiva en la pubertad. Sin entrar en grandes detalles sobre la trama de la trilogía original, se cree que hay una partícula de antimateria (polvo) que es responsable de que los daimones se fijen y posiblemente sea la respuesta para hacer posible el viaje interdimensional. El Magisterio ve en dicha partícula la manifestación del pecado original puesto que en la Biblia de este universo los daimones de Adán y Eva toman su forma definitiva en el momento que prueban el fruto del conocimiento (Pullman se toma la molestia de alterar una cita de la Biblia del Rey Jacobo para incluir esto) de manera que prohibe cualquier investigación al respecto y recurre a experimentos que consisten en secuestrar niños para separarlos de sus daimones y así mantenerlos en un estado de inocencia que es conveniente para sus fines de control.

La Belle Sauvage se puede dividir en dos grandes secciones: la primera se desarrolla como un thriller político mientras la segunda sigue la tradición de una novela de aventuras. Aunque muchos de los personajes de la saga original aparecen, en esta ocasión el protagonista es Malcolm, el hijo de una pareja de posaderos que viven cerca de Oxford. Su vida transcurre tranquilamente trabajando en la posada, ayudando a las monjas de un convento cercano y paseando en su pequeña canoa, La Belle Sauvage. Las cosas cambian el día que se vuelve testigo accidental de la abducción de un hombre por parte de agentes del Magisterio. Al revisar la escena del suceso, encuentra una nota que termina involucrándolo con una sociedad secreta que busca combatir al Magisterio y cuyos miembros parecen extrañamente obsesionados con una niña que está al cuidado de las monjas para las que Malcolm hace trabajos (Lyra Belacqua, protagonista de la trilogía original). Mientras la intriga crece, las tensiones parecen acentuarse por las lluvias que quizas reflejan el universo interior de los personajes, creciendo gradualmente junto con sus problemas y amenazando con desatar la inundación del siglo. Cuando esto finalmente sucede, empieza el segundo acto, extraño incluso para el universo elaborado en que se desarrolla la historia.

La rareza quizá reacae en la forma en que rompe con las reglas de verosimilitud que durante el primer acto se habían seguido cuidadosamente según las pautas marcadas por sus hermanas de la saga anterior. Mientras que en la primera parte intenta darle gran seriedad a los eventos narrados, la segunda remite a un tradición, quiza algo pasado de moda, en que la fantasía no sirve para magnificar y demostrar las realidades sociales de nuestro mundo sino como un escape a sus maldades. En medio de un diluvio de proporciones biblicas, Malcolm escapa en su canoa junto con su compañera de la taberna y la niña que logra rescatar del convento y empieza una expedición para regresarla con su padre legítimo, Lord Asriel. Durante el recorrido es perseguido por Boneville y su daimón hiena, un hombre inquietante con fama de asesino y violador  que no en poco recuerda al reverendo Powell de la película Night of the Hunter, al punto que es imposible leer esta persecución por las aguas sin pensar en la escena emblemática de dicha película en que los niños protagonistas escapan por el río en una canoa. El viaje lleva a Malcolm y sus compañeros a recorrer islas fantásticas pobladas de personajes que parecen más propios del folklore inglés que de la mitología de His Dark Materials: dioses del río que pueden ser engañados para abrir puertas, hadas a las que se derrota con acertijos, casas embrujadas, cuevas con jardines inverosímiles donde gente elegante vestida de colores pastel danza eternamente, etc. La excusa para integrar estos elementos es que, según campesinos y otros personajes ambientales, durante tempestades de esa magnitud la realidad se ve afectada y se despiertan las fuerzas primigenias de la tierra, justificación bastante escueta que, sin embargo, permite explorar terrenos que no habían sido pisados por la serie original. Debe aplaudirse la habilidad con la que Pullman ha construido este universo, pues es fácil identificar qué elementos son demasiado fantásticos incluso para la ya fantasiosa trama y aunque parecen inconsistentes fueron escritos de dicha manera a propósito.

La Belle Sauvage  es una obra lograda y digna de Pullman, autor que, a pesar de ser reconocido ante todo como escritor de literatura juvenil, también es un académico experto en la obra de William Blake y Milton. No cualquiera puede citar a san Agustín y las Sagradas escrituras en su obra sin que el resto de la prosa palidezca en comparación, proeza considerable cuando se toma en cuenta que además son libros accesibles para un público joven. Las inconsistencias en La Belle Sauvage, más que una falla, son una propuesta interesante con la que la nueva trilogía reclama su independencia de la original. Solo queda esperar lo inesperado en las próximas entregas.

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