Literatura

Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón (eds.), Insólitas. Narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España, Páginas de Espuma, Madrid, 2019, 488 pp.


Sonia García de Alba

“Dice el diccionario que lo insólito es lo raro, lo extraño, lo desacostumbrado”. Así inicia esta extraordinaria antología editada por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón, antología que, como su nombre sugiere, no deja de sorprender al lector a cada vuelta de hoja. Primero, porque reúne entre sus páginas casi treinta cuentos que pertenecen a géneros no realistas: son todos relatos donde abunda lo fantástico, lo maravilloso y la ciencia ficción en una amplia gama de matices. Hay, por ejemplo, cuentos con tintes distópicos (“Paulina” de Laura Ponce y “Gracia” de Susana Vallejo); cuentos con elementos weird (“El libro pequeñito” de Sofía Rhei); relatos de horror (“La casa de Adela” de Mariana Enríquez), y hasta de epic fantasy  (“La dama del ciervo” de Daína Chaviano).

En segundo lugar, la compilación es insólita por su carácter pionero, ya que es la primera en poner en diálogo las obras de escritoras de ficción no mimética en el continente americano y en España, contribuyendo a desdibujar la distancia que las separa. Es un proyecto de reivindicación transatlántico, una “genealogía literaria femenina”, como los antólogos lo denominan, que pretende –y ciertamente consigue– rescatar y unificar las voces de escritoras de diversas generaciones, apuntando así a la rica tradición de literatura de lo extraño que existe desde hace ya tiempo en el mundo hispanohablante.

La selección de relatos, cada uno acompañado de una breve introducción a su autora, pone de manifiesto la gran diversidad que la antología busca representar. Se encuentran aquí reunidas autoras consagradas como Angélica Gorodischer, Amparo Dávila, Luisa Valenzuela, Cristina Peri Rossi o Cristina Fernández Cubas, quienes pertenecen a una generación más antigua de creadoras nacidas en la primera mitad del siglo XX que abrió brecha en el mundo editorial para este tipo de relatos. Junto a ellas, aparecen entremezcladas nuevas voces de la narrativa de lo insólito como Raquel Castro, Laura Gallego y Laura Rodríguez Leiva, esta última, la más joven de la antología, nacida apenas en 1988.

Pese a que más de medio siglo aparta a las autoras mayores de las más jóvenes, la brecha generacional no se hace patente en la antología. Los cuentos no están organizados según el natalicio de sus autoras, ni tampoco de acuerdo a su fecha de publicación. En realidad, el principio que rige el orden de presentación es mucho más sutil. En Insólitas los textos se van entretejiendo temáticamente y las ideas subyacentes son las que sirven como hilo conductual a lo largo de la compilación. Si bien esto podría fácilmente haber resultado en una amalgama de categorías reduccionistas determinadas por subgénero o alguna otra característica notoria del texto –que lejos de potenciar las posibilidades interpretativas, habrían terminado por encasillar los textos en una lectura predeterminada– los editores logran soslayar este escollo. No hay subdivisiones ni conexiones forzadas. Al contrario, las historias, en la secuencia en la que aparecen, se complementan orgánicamente, sugiriendo, a veces, puntos de encuentro, o invitándonos a abordar un tema desde un punto de vista contrastante.

Así, por ejemplo, encontramos que “La densidad de las palabras” de Luisa Valenzuela, “Lipívoras” de Alicia Fenieux Campos y “Balneario” de Pilar Pedraza, tres relatos que aparecen uno tras otro en la antología, abordan –aunque de formas marcadamente dispares– la corporalidad femenina. El texto de Valenzuela es una reescritura de un cuento de hadas en el que la protagonista, a causa de una maldición, escupe sapos y culebras cada vez que intenta hablar. Lejos de acceder a vivir silenciada para encajar en la sociedad, la protagonista se apropia de aquello que la hace repugnante a los otros –su extrañeza se vuelve su fuente de empoderamiento. En “Lipívoras”, el descubrimiento de una bacteria devoradora de lípidos representa para la protagonista un cambio radical en sus circunstancias. De ser “una quinceañera de ciento cuarenta kilos” se transforma, de pronto, en una joven esbelta que ahora tiene la posibilidad de perseguir una carrera en el mundo de la moda. Pero su nueva vida se ve amenazada cuando se revela que la píldora mágica tiene consecuencias funestas. El cuento de Pedraza trata sobre una mujer atrapada en una espera perpetua, incapaz de dejar el estado de suspensión y aislamiento en el que se encuentra gracias a su particular fisonomía corporal. Los tres relatos se pueden leer de forma independiente, pero, si se abordan de modo subsecuente, como aquí aparecen, presentan tres perspectivas diferentes sobre el cuerpo femenino en relación con los estándares de belleza. El tratamiento del tema varía, así como el formato de presentación, pero no cabe duda de que, puestos en diálogo, estos textos adquieren un matiz más profundo. Así se entrelazan sutilmente los cuentos en Insólitas y lo que une a un relato con el que lo antecede no es siempre lo mismo que aquello que tiene en común con el siguiente.

Insólitas se publicó en el 2019, pero tiene todas las trazas de convertirse en una de esas antologías que envejecen con fortuna, que con el paso de los años se destilan y adquieren una relevancia distinta. Los cuentos con tintes post-apocalípticos, por ejemplo, “Abel” de Anacristina Rossi,  y “Gracia” de Susana Vallejo, publicados en el 2013 y 2014, respectivamente, ofrecen lecturas agudas de dos futuros posibles que, en el contexto del 2020, se aprecian como particularmente cercanos. En “Abel”, una serie de cataclismos provocados por el cambio climático acaban con casi toda la vida humana en el planeta –un escenario que no parece enteramente descabellado ahora con la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, formalizada apenas este noviembre. “Gracia” es un relato que transcurre en una Barcelona en ruinas –donde el Internet, la electricidad y el agua corriente son cosas del pasado: “Teníamos todo lo que necesitábamos. Supongo que pusimos en peligro al planeta y se vengó. La gripe terminó con la mayoría; tu abuelo, tu madre…Ya antes había empezado la cuesta abajo; la crisis de principios de siglo, los recortes, el lento declinar del estado del bienestar, la nueva realidad, el final del Pico…. Pero no nos dimos cuenta”, musita la abuela de Gracia, recordando la época anterior que hace eco de nuestras propias vidas antes y después de la pandemia. El relato de Vallejo se lee casi como un vaticinio del final del 2019. Y es que tanto “Gracia” como “Abel” –y muchos de los cuentos que integran esta antología– reflejan nuestras ansiedades compartidas, aquellos temas perpetuamente presentes que integran el núcleo de la experiencia humana.

Son los temas de siempre: la violencia, el amor, el aislamiento social, el cuerpo, las relaciones familiares, la hermandad, los roles sociales, la muerte, por nombrar algunos, que se alimentan de las experiencias de mujeres provenientes de todo tipo de contextos. Las escritoras que integran Insólitas son también académicas, periodistas, gestoras culturales, madres, hermanas, esposas e hijas que, no está de más decirlo, representan en su prosa mundos igual de fantásticos y complejos que sus contrapartes masculinos, a quienes el mercado editorial ha tendido a favorecer hasta ahora.

A propósito de lo anterior, los editores señalan que no pretenden que este libro sea meramente una recopilación de “escritura femenina” –entendida como aquella que únicamente se ocupa de temas feministas o problemáticas relacionadas exclusivamente con la mujer. Insólitas es feminista, pero también es muchas otras cosas más porque abarca una diversidad de temas y problemáticas que forman parte de la vida no solo de aquellas que se asumen como mujeres sino de todos los que tenemos la capacidad de disfrutar de su lectura.   Si la antología es un proyecto enfocado en los textos escritos por mujeres es precisamente por la poca visibilidad que se les ha otorgado hasta ahora y porque permanece aún la necesidad de incorporarlas al discurso crítico que existe en torno a la literatura fantástica, la ciencia ficción y los géneros no-miméticos. Las hijas de Metis, como López-Pellisa y Ruiz Garzón llaman al cúmulo de autoras de lo insólito que cohabitan en estas páginas, han existido siempre, tal como su titánica madre existió alguna vez dentro de Zeus. Gracias a Insólitas, ahora las hijas de Metis caminan entre nosotros.

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