Literatura

Alejandra Costamagna, Imposible salir de la Tierra, Almadía, México, 2016, 147 pp.


Clarissa Rodríguez Ábrego

“Si supiera él cuánto quiere retirarse ella; si solo comprendiera que ya no está del todo ahí, que oye más allá de las palabras… y se imagina la ciudad en la superficie, la ciudad que no volverá a pisar” (p. 39), expresa Julieta en el cuento que da nombre al libro más reciente de Alejandra Costamagna (Chile, 1970). En Imposible salir de la Tierra, Costamagna se vale de una narrativa fría y sin dramatismo, en la que el único impacto es la dureza propia de los hechos. Las historias reunidas en este volumen conforman un mismo universo, un universo donde los protagonistas no son personas que desean algo sorprendente en sus vidas. Ni siquiera poseen un sueño escondido. Están cansadas de solo respirar, pero, al fin y al cabo, esa es la única forma de vivir que conocen. En el fondo, solo desean escapar, no de Santiago, ni de Recinto ni de Japón, sino de ellos mismos.

     Imposible salir de la tierra es una compilación de rarezas, manías y obsesiones, de relaciones humanas destruidas en las que solo se sigue porque sí, de la cruda realidad que muchas veces no queremos ver, de la fragilidad con la que resistimos. Se trata de cuentos tan realistas que nos muestran que los finales felices son difíciles de encontrar. A lo largo de “Imposible salir de la Tierra”, se muestra la vida de Julieta, joven de 19 años con un tumor que no tiene otra opción más que “terminar como planta o perro” (p. 31). La capacidad de decidir le ha sido arrebatada. Es una mujer que ya no ama la vida. Quizá porque la muerte ha estado siguiéndola durante tanto tiempo, ve su propia expiración como la única forma de trascender. Y Raquel, su hermana, se aferra a la vida de Julieta como si fuera la suya. El problema es que a Julieta ha dejado de importarle: “si supiera él lo impaciente que está ella en ese momento; la urgencia que tiene por acabar de una vez con todo. Ni perro ni planta, ¿cómo decirle?” (p. 39).

     Los títulos de los cuentos se basan en detalles, en una simple frase que nos hace, de repente, comprenderlo todo. En “Are you ready?”, la muerte es vista con la ironía que conlleva el acto en sí: cómo de un momento a otro nos convertimos en silencios rotundos, cáscaras vacías y todo lo que se pudo llegar a ser, desaparece. “Lo que veía ahora no era una persona. Era una mudanza, una evaporación, otra cosa. Supuso entonces que eso era morir: apagarse de a poco, como un solcito de otoño” (p. 51). La muerte de un familiar se convierte en la incógnita, en la necesidad de saber cuál es la forma correcta de anunciar la muerte, en el desquicio por las visiones del más allá. Es así como una simple blusa que alguien usaría en un funeral se convierte en la respuesta: “La polera tenía un estampado en letras rojas que decía Are you ready? Pero nadie estaba listo, nadie nunca lo estaría…Y, en el entierro de su padre, la muchacha usó la polera al revés: el logo para adentro, la pregunta hacia el pecho” (p. 53).

     El libro culmina con “Naturalezas muertas”, donde se muestra a Canossa, hombre prácticamente acabado cuya única forma de seguir adelante se disfraza de antidepresivos. En un intento desesperado por tener una vida “normal” conoce a Alia Viotti: “ahora, esta noche húmeda en la capital, el hombre está de pie en la boletería de un cine, a punto de conocer a la persona que extirpará, milagrosamente o no, los aguijones de su cabeza” (p. 105). Su admiración hacia ella es su última esperanza; necesita que Alia lo salve y por eso decide que será su droga. Sin embargo, la única persona que en verdad podía salvarlo era él mismo, y eso era algo que Martín Canossa había olvidado mucho tiempo atrás. Por esta razón, da todo por ella, con el deseo de que esa acción lo haga olvidarse de sí. Con el paso del tiempo la indiferencia de Alia ocasiona que la mente de Canossa vuelva a trabajar obsesivamente, viendo un mundo en su contra, observando patrones de engaño que pueden o no existir: la suya es una mente que nunca duerme. Ella, en cambio, era una mujer “tierra adentro” y él solo quería salir de ahí. Ambos, erróneamente, creyeron ser su solución. Y es que lo único que él ansía es terminar con los aguijones de su cabeza, acabar con su estruendoso silencio. Así, Canossa descubre que puede deshacerse de Alia o de lo que construyeron juntos, pero nunca de su mente, pues esta es lo único que jamás será capaz de destruir.

     Todas las historias de este libro se basan en sueños inacabados, realidades inconclusas y el infinito debate entre ser algo más y la comodidad de la rutina. Son un constante recordatorio de que la vida es así: llena de desgracias, rabia, pensamientos tan oscuros que no pueden ser expresados en voz alta. Los personajes de estos cuentos son seres humanos con todas sus contradicciones: personas que no son extraordinarias, ni buscan serlo. Personas que solo quieren sobrevivir a sí mismas, salir de sus pensamientos. Fantasean con la idea de su propia inexistencia: ser recibidas por las montañas, ser algo distinto, no importa qué. “Sueña que es un pescado azul de cola pálida y fabulosamente larga, una cola de metros, de kilómetros, con la que se desplaza como si volara, como si no estuviera en el agua sino en el aire, y nada o vuela y atraviesa una laguna o una galaxia y no llega y no llega nunca al otro lado” (p. 45). Al final, sin embargo, todos caen en la cuenta de que no es posible. No se puede nada hacia afuera, es imposible salir de la Tierra.

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