Literatura

Alejandro Zambra, Facsímil, Sexto Piso, México, 2015, 89 pp.


Cecilia Caraza

La manera más directa de criticar algo es utilizando sus mismas herramientas y formas. Esto es, precisamente, lo que Alejandro Zambra hace en Facsímil (cuyo género literario aún está por definirse). Utilizando la forma de la Prueba de Aptitud Académica de Chile, y en específico de la Prueba de Aptitud Verbal, de cuyo puntaje depende el ingreso del alumno a los estudios universitarios, el autor hace una crítica y una burla al sistema educativo que el lector puede captar rápida y fácilmente al leer esta obra como un examen de opción múltiple que debe contestar (incluso hay una hoja de respuestas al final). De este modo, cada sección de la prueba tiene su forma particular de criticar un aspecto de la vida y la historia de Chile.

     La primera sección se enfoca en la asociación de palabras, pidiendo al lector descartar aquella que no tenga relación con el resto. Sin embargo, la relación entre las palabras no se determina por su definición de diccionario, sino por su significación en el contexto de Chile, y también, a veces, en el contexto actual. Así, se asocian palabras de forma humorística (“4. Copiar A) cortar B) pegar C) cortar D) pegar E) deshacer”, p. 15), pero sobretodo relacionando conceptos que pueden ser criticados, por ejemplo, “3. Educar A) enseñar B) mostrar C) entrenar D) domesticar E) programar” (p. 15). De este modo, no hay una narración como tal en esta parte, por lo que para comprender la crítica es necesario comprender el contexto al que se hace referencia.

    La segunda sección se enfoca al ordenamiento de enunciados, pidiendo al lector que escoja el “orden más adecuado para constituir un buen esquema o plan de redacción” (p. 21). Esta sección está escrita toda en segunda persona, con lo que el lector es directamente abordado por el texto. En cada ejercicio se sitúa al lector en una situación determinada que es parte de lo cotidiano pero que hace referencia a algo más complejo (la política, la opresión, la economía, la dictadura). En esta sección parece, además, que el (o los) personaje del que se habla ha sido trastornado debido a la situación en la que vive y vivió, pues se hace referencia al insomnio, el odio, la locura, el dolor y, de nuevo, la dictadura de Pinochet. Además, si bien el orden de los enunciados sí puede cambiar el significado del plan de redacción, no lo altera de forma significativa, por ejemplo, “27. Un hijo 1. Sueñas que pierdes un hijo. 2. Despiertas 3. Lloras 4. Pierdes un hijo. 5. Lloras. A) 1 – 2 – 3 – 4 – 5  B) 1 – 2 – 3 – 5 – 4  C) 2 – 3 – 4 – 5 – 1  D) 3 – 4 – 5 – 1 – 2  E) 4 – 5 – 3 – 1 – 2” (p. 23).

     La tercera sección se enfoca en el uso de ilativos para formar enunciados y se pide al lector que escoja la opción que complete el sentido del enunciado. Estos ejercicios pretenden que solo una opción tenga sentido, pero en el caso de Facsímil, todas tienen sentido. Además, los enunciados hacen crítica explícita a la educación, a la política y a la sociedad. En las opciones a escoger solo se encuentran elementos que agravan o atenúan la crítica que se hace, pero la denuncia no puede evitarse, por ejemplo, “43. Y si les quedan ____, para eso está ____. A) esperanzas la realidad  B) frustraciones   el copete  C) ilusiones   el vacío  D) piedras   la policía  E) neuronas   la pasta base” (p. 32). En esta sección, lo que se busca es dar una sensación específica (la falta de esperanza, la soledad, la decepción, el sinsentido, etc.) en cada ejercicio y es por ello que el sentido literal no es tan importante como esta sensación que se busca transmitir.

    La cuarta sección pide elegir el enunciado que no agregue información o que no se relacione con el texto. Aquí hay un claro sentido narrativo, y en todos los ejercicios hay una opción de no eliminar ninguna oración. En algunos casos, la narración que se forma se compone de dos situaciones pequeñas, por lo que a veces se sugiere que se elimine una de las dos situaciones. De nuevo, las narraciones pueden ser alteradas eliminando una u otra parte, pero las ideas generales se mantienen. La crítica más fuerte es, en este caso, a la sociedad, a la violencia que se vivió durante la dictadura, a las familias disfuncionales, a los que apoyaron la dictadura. Se habla de Manuel Contreras, jefe de la policía secreta durante la dictadura en Chile, a través de su hijo (o de la voz que el autor le da a su hijo), de la culpa colectiva (“ahora hay varios diciendo que no sabían de las desapariciones, de las torturas, de los asesinatos. Claro que sabían, Él sabía, yo sabía, todos. Cómo no íbamos a saber.”, p.45), de las formas en que el gobierno de la dictadura maquillaba la crueldad y la injusticia mediante programas de televisión y juegos de lotería.

     Finalmente, la quinta sección es de comprensión de lectura. Esta sección ya contiene textos narrativos sobre los cuales se hace una serie de preguntas. Aquí la reflexión es más explícita debido a que la narración permite desarrollar ideas de una manera más elaborada y lógica. La crítica, de nuevo, es al sistema educativo. Se critican este tipo de pruebas que determinan qué estudios puede tener un alumno y que están diseñadas para fracasar, y el hecho de que la educación se enfoque en pasar las pruebas y no en aprender, cuestionar o comprender algo. La principal crítica es porque “el Nacional está podrido, pero el mundo está podrido, dijo. Los prepararon para esto, para un mundo donde todos se cagan entre sí. Les va a ir bien en la prueba, muy bien, no se preocupen: a ustedes no los educaron, los entrenaron.” (p. 63), es decir, porque a los alumnos desde siempre los han entrenado para copiarse y no para crear conocimiento.

     Este sistema educativo refleja, a su vez, a la sociedad en la que está inserto, en la que para poder tener éxito es necesario ser tanto brillante como corrupto. Otra crítica es al matrimonio y la prohibición del divorcio en Chile, que fue legalizado hasta 2004. El hecho de que en Chile no hubiera divorcios no indicaba que los matrimonios que se formaban tuvieran éxito, pero eso intentaba parecer. La anulación era, entonces, el sustituto del divorcio, pero esta implica que un matrimonio no fue válido realmente, es decir, que no existió y no que una pareja desea separarse y terminar su relación (lo cual refleja, de nuevo, un intento de desaparecer lo indeseable en lugar de admitir su existencia y terminar con ella), y para obtenerla había que mentir. El tercer texto critica a la familia y a través de ella a la sociedad, pues el hijo al que se habla sufre todos los errores que los padres cometieron y es, de ese modo, heredero del mundo en que sus padres vivieron y de las ideas que motivaron sus acciones. Además, las preguntas a responder llevan aún más a la reflexión sobre los textos y, en ocasiones, agregan un tono más humorístico o irónico.

     Facsímil o la Prueba de Aptitud Académica de Zambra hace énfasis en la importancia del lenguaje para alterar las ideas, para crear asociaciones y para criticar. Su uso de coloquialismos lleva al lector a situarse en un espacio específico y lo acerca a lo cotidiano y las situaciones que describe y critica llevan a quien lo lee a reconocer que esto mismo sucede, con variaciones, en casi cualquier sociedad. Utilizar el formato del sistema educativo que se critica tiene, además de la evidente ironía, otras ventajas. Gracias al diseño de estas pruebas es posible abarcar una gran cantidad de temas que además se relacionan entre sí de las formas que el lector quiera descubrir. Además, la apelación al lector es directa y le exige tomar decisiones en cuanto a las opciones a elegir y no solo leer las premisas que se exponen. Es así como esta obra invita, de un modo no convencional y burlesco, pero a la vez oscuro y un tanto trágico, a desenmascarar a la sociedad en la que vivimos y sus mitos de educación.

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