Literatura

Leonardo Teja, Esta noche, el Gran Terremoto, Antílope, México, 2018, 136 pp.


Paulo Guarneros

Esta noche, el Gran Terremoto es la primera novela publicada de Leonardo Teja (Ciudad de México, 1988). La obra, además de describir el modo de vida de los que esperan a el Gran Terremoto y su llegada a la Ciudad, se enfoca en la historia de Diego Pirita, quien se vuelve recepcionista del hotel en el que se aguarda la inminente llegada. Esta historia incluye el desarrollo del recepcionista desde una edad temprana y ya en su niñez cuenta con atisbos que dejan en claro el propósito de cada uno de los habitantes: esperar a ese ser supremo que promete un cambio en la vida de la ciudad.

Los otros textos de Leonardo Teja también giran en torno a el Gran Terremoto, evidencia son los fragmentos publicados en Tierra Adentro: “La última vez que vi al Gran Terremoto, estaba sentado al borde de una silla de respaldo recto. Con movimientos gatunos intentaba mantener quietos los pies de una mujer que, sin prisa ni emoción, se desvestía sobre una pista de baile que también fungía como mesa”. Dichos escritos ayudan al lector a tener un panorama sobre la manera en la que escribe Teja y el sentido que se va construyendo dentro del absurdo, marcado por un estilo particular que define al autor.

Esta noche, el Gran Terremoto habla de una sociedad atrofiada por la espera, en la que la misma historia de la localidad se ve reemplazada con réplicas de papel moneda en el que figuran personas a las que se les deben hechos como la edificación del Acueducto, su inauguración y su posterior destrucción al volarlo en pedazos con una sola carga de dinamita y una mula. La novela cuenta con un humor ácido que se utiliza para hacer evidentes críticas a la sociedad. Es así que en esta distopía se prohíbe la concepción entre primos hermanos y se desaparece a los impuntuales, al mismo tiempo que se exaltan hechos que en el día a día son insignificantes: “La mujer del billete de doce prohibió la concepción entre primos hermanos… La de setenta mil fue la primera en leer un decreto oficial con los ojos vendados…”. La llegada de el Gran Terremoto se plantea inminente y enigmática, pues nadie sabe a ciencia cierta quién es o cuándo llegará, ni siquiera la Posteridad, a quien le prometió volver y que estarían juntos: “¿Y cuándo le dijo que vendría? / Lo mismo preguntó ella. / … / … / Y ¿qué respondió? / ¿Palabras textuales? / … / ‘…en la primera oportunidad que se presente, querida mía’ ”. Ahora bien, los personajes también se presentan algo enigmáticos, pues no se terminan de entender las razones que tienen para actuar de la manera en la que lo hacen. Uno de los principales es la “Sueca”, camarera del hotel de paso en el que trabaja Diego Pirita. Este personaje, junto al telegrafista, es esencial cuando se trata de que Pirita mantenga su trabajo, pues le da pistas sobre qué hacer cuando la administradora del hotel le tiende trampas junto a sus familiares.

Por otro lado, la vida de la ciudad se vuelve un simulacro constante en el que todo está calculado y puesto por escrito, a pesar de que todo gira en torno a la incertidumbre de la llegada: “Después de un rato de observar, me alegré de no tener un papel importante en el simulacro de esa noche: tenía el de un hombre que desconoce la hora de su segunda entrevista de trabajo y la llegada de el Gran Terremoto lo toma al pendiente del teléfono”. Así, las vidas de los habitantes se reducen al papel que desempeñan en el simulacro de la llegada. La vida entera en esta ciudad es una ficción.

Esta noche, el Gran Terremoto es una lectura ligera que se ve enriquecida por su excelente diseño y juegos tipográficos (como el uso de algunos artículos en superíndice). Uno de los grandes aciertos de la obra son los recursos de los que se vale para ilustrar la historia por medio de la tipografía y la disposición del texto junto con otros elementos de diseño. Las encuestas, los telegramas y el formato de registro sirven para complementar la obra y darle vida al libro. Es así que se acierta al agregar elementos metatextuales y se vuelve más entretenida la interacción con el libro. Aunado a esto, la disposición del texto en lo que a diálogos se refiere facilita la lectura y da señas de un cambio de voz en la narración, volviendo la obra mucho más visual y accesible.

La novela incluye también el Manual de procedimientos para la llegada de el Gran Terremoto del Gremio Ciudadano de Alojamiento Nocturno, apartados que sirven como una guía para terminar de entender cómo funcionan tanto el hotel en el que trabaja Diego Pirita como la sociedad en la que habita. En estos capítulos y apéndices, se deja ver desde dentro cuál es la concepción que se tiene sobre el Gran Terremoto y quienes aseguran haberlo visto. Es así que en estos capítulos se justifican la espera y los simulacros por medio del absurdo.

Leer Esta noche, el Gran Terremoto es un respiro de alivio, ya que la obra es fácil de leer y digerir a pesar de que la resolución final deje al lector sumido en una incertidumbre por el futuro de todos los personajes dados a conocer: “En medio del barullo generalizado surge una pregunta que nadie se había hecho, […] llegó, esta noche, el Gran Terremoto. ¿Y ahora qué? / Este reportero tampoco lo sabe, la verdad es que jamás habíamos llegado tan lejos”. Después de todo, ¿qué se hace cuando se cumple eso que todos esperamos?

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