Literatura

Gonçalo M. Tavares, El barrio y los señores, Almadía, Oaxaca, 2012.


Adriana Lozano

Dentro de la obra de Gonçalo M. Tavares, escritor portugués nacido en 1970, hay dos grandes series: el Reino y el Barrio. Irónicamente, en el Reino están ubicadas sus obras más obscuras: Un hombre: Klaus Klump (2006), La máquina de Joseph Walser (2006), Jerusalén (2009) y Aprender a rezar en la era de la técnica (2012). En este territorio ficticio creado por Tavares, los temas principales son el mal, las formas del miedo y la violencia. Los habitantes del Reino son víctimas tanto de sus obsesiones como de su entorno. Aquí viven personajes como Lenz Buchmann, un cirujano que ve al cuerpo como un depósito y que termina convirtiéndose en paciente; Myla, una mujer diagnosticada esquizofrénica, que tiene una fijación por los objetos inanimados (por ejemplo, su odio a los zapatos) y Joseph Walser, un hombre cualquiera, que vive para sus rutinas y su máquina.

     El Barrio es un lugar completamente distinto; una utopía para lectores. Este territorio está habitado por famosos escritores convertidos en personajes: Robert Walser, T. S. Eliot, André Bretón, Paul Valéry, Jorge Luis Borges (el grafiteador del Barrio), entre otros. Cada uno tiene una historia propia en donde se aprecia su estilo, la atmósfera de su obra o sus obsesiones (sobre la literatura, la lógica o hasta la geometría, como en el caso del señor Swedenborg). Lejos de ser biográfica, esta serie podría considerarse, en palabras del mismo Tavares, una historia de la literatura, pero en narrativa. Hasta ahora, el Barrio está conformado por 10 pequeños libros, recopilados todos en El barrio y los señores.

     El proyecto empezó en el 2002 con el Señor Valéry y aunque desde entonces se ha ido poblando por otros escritores, está lejos de ser una obra terminada. Tavares planea continuar con el Barrio por muchos años más; él mismo ha dicho que “casi todos están por escribir, aunque ya los he visualizado”. Están señaladas, en el mapa de este espacio ficticio que se puede encontrar en las primeras páginas de esta edición, las casas de Virginia Woolf, Fernando Pessoa, Franz Kafka, Marcel Proust, por mencionar algunos, que se irán escribiendo y publicando en el futuro. La manera ideal de aproximarse a esta obra es, definitivamente, por partes, para apreciar los detalles y las reflexiones de la historia de cada señor. Para Tavares, el Barrio debe ser recorrido “por cierta lentitud lectora”, se deben hacer pausas entre cada uno de los libros. Poco a poco, con el tiempo, los vínculos que se irán creando con cada libro de Tavares, formarán un “mundo literario”, conformado por un Reino, un Barrio, una Biblioteca (otro proyecto que apenas va iniciando y que intenta unir lo que quedó de los libros leídos en la memoria con la ficción) y otros espacios.

     El estilo de cada historia varía dependiendo del personaje/autor del que se hable. En general, sin embargo, son libros cargados de sentido del humor, infantil algunas veces, y, otras, negro. Monsieur Teste, por ejemplo, sirve de inspiración para la creación de Valéry. Su historia está escrita también en pequeños fragmentos, algunos próximos a una narrativa más convencional y otros que dan la sensación de ser episodios sueltos en los que Valéry pretende resolver mediante la lógica los problemas con los que se enfrenta en su vida diaria, como su pequeña estatura o por qué resulta ser igual de rápido caminar y andar en tren. Además, para explicar sus puntos, se vale de dibujos que le dan un aire a la historia de ingenuidad, casi como si estuviéramos leyendo un Principito adulto.

     Con un humor similar está redactada la historia del señor Bretón, presentada como una entrevista que el fundador del Surrealismo se hace a sí mismo y que termina por no poder responder. Cómicamente se exponen algunas de las cuestiones que más le interesaron, como la poesía y sus valores. En la tercera pregunta, el Bretón entrevistador dice: “… la pereza no será tanto una cuestión de inmovilidad de la palabra en sí, sino de algo más grave: no mover a quien lee; ésa es la palabra indolente. Pereza en el verso es, pues, no hacer trabajar al lector”.

     El Señor Walser y el bosque (mi historia favorita del Barrio hasta el momento) es la que, desde su estructura y su estilo, se asemeja más a una novela corta convencional. El protagonista de la historia está inspirado en el escritor suizo Robert Walser y, fiel al estilo de éste, el texto está lleno de oraciones larguísimas y signos de exclamación que sirven para transmitir su confusión ante los trabajadores que llegan a su nueva casa para hacer reparaciones, sin que nadie les hubiera llamado. Es la única historia, a mi parecer, con un ambiente tenso; poco a poco tanto el lector como el protagonista se sienten abrumados por la cantidad de personas dentro de la casa y los muchos arreglos que necesita. Los otros siete señores y sus respectivas historias son, como los últimos tres descritos, diferentes entre sí, pero con el sello de Tavares. El señor Henri (Micheaux) constantemente está hablando sobre sus conocimientos enciclopédicos y su amor por la absenta; Kraus descubre que para escribir sobre política es indispensable la sátira; Brecht cuenta algunas fábulas a un cuarto vacío que termina por llenarse; T.S. Eliot analiza versos de poemas en una serie de conferencias a las que solo asisten tres espectadores, etc.

     La obra de Gonçalo M. Tavares es ya amplia y variada, aunque lamentablemente buena parte de ella no ha sido todavía traducida al español. Parecieran existir muchos Tavares, todos con intereses distintos, por lo que leer al autor de El barrio y lo señores no es leer al de Agua, perro, caballo, cabeza o de cualquier otro libro de la serie del Reino. Me recuerda a uno de los comentarios del Bretón ficticio: “los mejores versos están desprovistos de currículum y de profecía. Existen en este instante, sólo: pero existen mucho”.

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