Literatura

Elena Ferrante, Dos amigas, 4 vols., Lumen, Barcelona, 2012-2015, 1507 pp.


Natalia Gutiérrez

Al cumplirse la primera década del siglo XXI, y a sus sesenta y seis años de edad, Elena recibe una noticia que, si bien es inesperada, no es del todo sorprendente: Raffaella, su mejor amiga desde que tiene memoria, ha desaparecido sin dejar rastro alguno. Ninguna nota, ninguna fotografía, ni siquiera un alfiler; la mujer ha cumplido su deseo de esfumarse, inquietud que ya había expresado a Lenù años atrás. Es de esta manera que Elena Ferrante (Nápoles, 1943), autora italiana cuya verdadera identidad ha sido objeto de polémica, da inicio a la tetralogía Dos Amigas (compuesta por La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida), una saga que no solo narra la historia de una amistad creciente, compleja y apasionada entre dos mujeres, sino que a través de la anécdota revela los sentimientos más ocultos de una mujer en cada etapa de su vida, rodeada de un ambiente marcado por los cambios.

A mediados del siglo pasado, la casualidad (y, por qué no, la competencia) unió los caminos de dos niñas de seis años, vecinas de un barrio pobre de Nápoles. La ciudad italiana, plagada de violencia y conflictos socioeconómicos, es el marco que les muestra la realidad de la vida. Lila, obstinada, decidida e intrépida, provoca en Lenù una atracción indiscutible, al grado de convertirse en una obsesión, un modelo superior que guía y motiva sus acciones. A pesar de que para todo el barrio Lila siempre fue vista como una fiera indomable e incluso, aterradora, para Lenù esa niña era su complemento, una entidad que vivía dentro de ella y la invitaba a caminar, primero en la escuela, después en la vida: “Me dediqué al estudio y a muchas otras cosas difíciles, fuera de mi alcance, únicamente para seguirle el ritmo a esa niña terrible y deslumbrante”. Mientras aprende a convivir con ella, Lenù también logra descubrirse a sí misma, ya que ambas comparten los mismos sueños y ambiciones. Lila la persigue, la alimenta, la moldea, y, aunque no lo parezca, Lenù termina haciendo lo mismo por ella, su mejor amiga y su peor enemiga. Ella, dentro de algunos años, comprenderá que aquella relación, que a veces parecía debilitarla, contenía en su núcleo lo que la reanimaba una y otra vez.

Conforme pasan los años, Lenù y Lila se enfrentan con realidades distintas: mientras que la primera es una de las pocas mujeres del barrio que logra ingresar a la universidad con resultados favorables, la segunda termina casada a los dieciséis con un hombre adinerado al que no ama. La señora Lila, envuelta en finas ropas y en el centro de atención, se gana la fascinación del barrio, superando la fama de Lenù tras convertirse en una exitosa escritora. La protagonista confirma que las mujeres tendemos a la competición con nuestras semejantes; esa envidia que da paso a la rabia forma parte de nuestro instinto: “¿Qué era yo comparada con ella vestida de novia, con ella en el descapotable, con su sombrerito azul y el traje chaqueta pastel?”. La tensión muda que nace de tales diferencias motiva el alejamiento o la ausencia ocasionales, pero simultáneamente las vuelve cómplices aún más fieles, cuya conexión, a veces caótica y dolorosa, es irrompible: “Ya no soportaba sentir que llevaba a Lila encima y dentro de mí, incluso ahora que yo era muy apreciada, incluso ahora que tenía una vida fuera de Nápoles”. Ferrante opta por revelar el lado oscuro de la amistad, pues su imperfección la vuelve auténtica y sus malos momentos fortalecen a ambas. Sin importar cuán fuerte sea el deseo de olvidarla y superar el sufrimiento que le ocasiona, una siempre vuelve a la otra.

En medio del caos político y social entre comunistas y fascistas, años más tarde Lenù se consolida como activista, cada vez más abierta a la transformación, y motivada en gran parte por su éxito laboral y la respetada familia de su marido. Por otra parte, Lila ve decaer su notoriedad al separarse de su esposo y ser explotada en una fábrica fuera del barrio. La identidad que Lenù ha construido por su cuenta contrasta con la derrota inminente de su amiga ante el matrimonio y la maternidad, de la que solo ella puede salvarla. Es aquí el punto en que Lenù comienza su reflexión sobre el verdadero sentido de ser mujer, de formar parte de un mundo de hombres en el que ella se había desenvuelto desde pequeña: “Mientras que los hombres se entregan a empresas espaciales, para las mujeres la vida en este planeta todavía está por empezar. La mujer es la otra faz de la tierra”. Como es usual, la atracción de Lenù hacia esta idea de liberación femenina le recuerda a Lila, y la motiva a actuar y pensar como lo haría ella, a quien le debe su postura y sus ideas. Ferrante enaltece a la mujer y resalta la complejidad de su carácter, explora su sexualidad y busca retratar su realidad en muchos contextos, desde el ama de casa hasta la profesionista divorciada.

Como buena escritora (ocupación que, como casi todas sus aspiraciones, tiene su razón de ser en Lila), Lenù relata su vida, desde la infancia y adolescencia hasta la madurez y vejez, sin disimular la unión permanente a su amiga en un ambiente socialmente problemático. A lo largo de cuatro tomos, Ferrante es capaz de retratar tanto la experiencia de sus protagonistas como la circunstancia que las envuelve, tocando temas como la familia, el amor, el erotismo, el matrimonio, la maternidad, la política y la revolución ideológica, que al unificarse transportan al lector a la Italia de posguerra; lo llevan a las calles viejas y túneles maltrechos de aquel barrio napolitano; a Pisa, a Milán, a Isquia; a la Piazza dei Martiri, a las manifestaciones políticas en las calles. Nápoles, tan única, cautivadora y familiar, pero tan maldita y peligrosa, termina seduciendo una y otra vez a los que han vivido en ella: quien de ahí sale tiende a regresar. Por otra parte, el escenario conflictivo, los constantes escándalos y los motivos amorosos formulan una experiencia difícil de olvidar.

En Dos Amigas la reflexión es el recurso más valioso, pues, más allá de los hechos, son la experiencia y el aprendizaje los que dan vida a la historia: los saltos del pasado al presente y viceversa, así como los pensamientos que surgen de repente y enriquecen la narración. El monólogo de Elena, exento de pudor, motiva una exploración íntima en el lector, en la que es posible profundizar en el verdadero significado de las relaciones interpersonales, las intenciones del corazón, la bondad y la maldad. Para la Lenù, ha llegado el momento de decir todo lo que jamás fue capaz de pronunciar en voz alta, de –como bien lo ha planteado Ferrante–, “explicarse a sí misma”. El tiempo golpea, sana e instruye, brindando gran ventaja en la carrera de la vida, y ella lo sabe a la perfección. Empaparse de la sabiduría de quien ha vivido mucho nos permite entender que, así como la fusión de dos seres semejantes y distintos a la vez es un hecho posible, hay asuntos en nuestra existencia que parecen ser absurdos y, aun así, son significativos. Ahí es donde radica la belleza de la relación: “Tal vez debería decirle que las cosas carentes de sentido son las más hermosas”.

Aunque Lila demuestra, reiteradamente, ser una mujer bien adiestrada en el astuto arte de “salirse con la suya”, Lenù cierra su relato con la descripción de su presente sin ella, quien tras la indescifrable desaparición de su hija, perdió la viveza que la caracterizaba y que causaba tanta admiración y temor. Su ausencia no modifica su modo de vivir, ya bastante lejano al de su amiga, pero aumenta la añoranza y la nostalgia. Lila, la mujer fascinante, la que sabía darle sentido a todo, se ha ido, y no se olvida de rendirle honor a quien alguna vez fue su luz en una vida repleta de desconsuelo: “Tal vez esas dos muñecas que habían recorrido más de medio siglo para llegar hasta Turín significaban únicamente que ella estaba bien y me quería, que había ido más allá de sus límites y por fin tenía la intención de viajar por el mundo, ahora menos pequeño que el suyo, viviendo en la vejez, según una nueva verdad, la vida que en la juventud le habían prohibido y se había prohibido”. Al final, Lenù está convencida que su amistad con Lila ha sido la mayor verdad de su vida.

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