Literatura

José Woldenberg, Cartas a una joven desencantada con la democracia, Sexto Piso, México, 2017, 106 pp.


Andrea Zúñiga

Política y juventud se conciben como casi opuestos cuando se percibe a la segunda como apática a la política o bien se consideran términos dependientes uno del otro por la naturalidad de cambio o rebelión que, se piensa, surge principalmente en la gente joven. El gran peso de la responsabilidad del “mañana” y del “futuro” siempre se ha puesto en los hombros de la juventud, sean estos considerados indiferentes o no. En México, la política y los jóvenes tienen una relación difícil, pues creo que, para la gran mayoría, la política representa un sinónimo de hartazgo y decepción. José Woldenberg, preocupado de que estos sentimientos negativos se lleguen a transformar en un odio hacia la democracia, plantea la necesidad de hablar de política con los adultos jóvenes: “nuestro arreglo democrático se reproduce en medio de un gran malestar y que, como apuntaba al inicio de nuestro intercambio, ojalá ese malestar en la democracia no se convierta en un malestar con la democracia. Pues entonces estaríamos en problemas mayores”.

José Woldenberg (Monterrey, 1952), en Cartas a una joven desencantada con la democracia, busca principalmente defender y explicar la democracia a los jóvenes. Woldenberg fue Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral de 1997 al 2003 y también ha participado en diversos partidos políticos. En su nuevo libro, de escasas cien páginas, se intenta condensar con lenguaje sencillo y con un tono algo “paternal” el por qué la democracia es la mejor forma de gobierno y por qué funciona como lo hace. En gran parte, el libro es un alegato de la superioridad política y ética del régimen democrático. No se utiliza lenguaje especializado o complejo; Woldenberg clarifica que las cuestiones políticas no deben ser cosa de la academia, sino que se deben explicar de manera directa. Gran parte de las cartas hablan sobre la complejidad del funcionamiento de los distintos órganos de nuestro gobierno al igual que las fuentes de donde surge el desencanto que invade a gran parte de la sociedad mexicana.

Con anécdotas, reflexiones personales, recomendaciones de lectura y a través de un enfoque un tanto didáctico, Woldenberg explica cómo se construyó la democracia en México. Nos remonta a los tiempos posrevolucionarios y de ahí desarrolla los cambios que han sucedido en materia política durante varios años. Se enfoca principalmente en el desarrollo de la implementación de la democracia, exaltando cómo, a pesar del malestar actual, sí ha habido un avance por la cantidad de instituciones que regulan el funcionamiento democrático de la sociedad. El tono casual con el que Woldenberg incorpora sus propias experiencias trabajando en la política, al igual que el comentario sobre sus propias lecturas, hacen que el contenido de las cartas, que bien podrían parecer ensayos tediosos, se perciba como una conversación entre amigos.

El autor entiende el malestar que tiene la sociedad con los políticos y sus partidos, pero también sabe y expresa que es imposible que la democracia se lleve a cabo sin ellos. El hecho de que exista una variedad de partidos actualmente significa que la democracia se está llevando a cabo y que la gente tiene la libertad de formar grupos y participar en política.  Woldenberg se esfuerza a lo largo del libro en explicar el arduo trabajo que se necesita para construir un país democrático. Explica también la importancia de las elecciones a pesar de la actitud negativa con la que generalmente las pensamos: “lo mejor de las elecciones son las propias elecciones. Y no se trata de una tautología. El solo hecho de que se lleven a cabo auténticos comicios es una gran cosa, precisamente porque no parece una gran cosa”. Asimismo, habla de manera breve sobre las elecciones del 2018 y el papel que juegan los jóvenes en ellas: deben ser los responsables de exigir la rendición de cuentas e información, la permanencia de la pluralidad política, el fortalecimiento de la libertad de expresión y la posibilidad de que surjan nuevas agrupaciones desde la sociedad.

Como es de esperarse, se menciona la inconformidad respecto a la desigualdad, el estancamiento económico, la violencia, la corrupción y la impunidad. El autor señala que el resultado directo de esto es el hartazgo y la desconfianza, cosa que puede promover un desencanto por parte de la sociedad hacia la política. El autor enfatiza que el desasosiego que causan los malos gobiernos no debe trasladarse a una mirada negativa hacia la democracia, específicamente a una democracia naciente como la nuestra. Woldenberg sabe que no nos puede dar una solución para la inconformidad que sentimos ante el gobierno, pero sí está convencido de que es importante saber que poco a poco se hacen avances. La democracia ha sido y deberá ser siempre la manera en la que se rige un país: escuchando las voces de los ciudadanos.

Aun y con la amplia explicación de José Woldenberg, al terminar de leer el libro me di cuenta que funciona exactamente como una medicina para la gastritis: apta para calmar el malestar momentáneo, pero que no intenta y, por ende, no logra curar la enfermedad. Sabemos que aquí el problema no se encuentra en que los jóvenes estemos desencantados con la democracia o que consideremos que una tiranía o una monarquía sean mejores formas de gobierno: los jóvenes estamos conscientes que a través de la voz de la sociedad se logran cambios. El problema principal y la raíz del desencanto se ubica en el saber que aun y a través de votaciones democráticas y de procesos por los órganos correspondientes, la persona que llega al poder al final se quitará la máscara, se transformará y pasará a ser uno más de los que estancan al país con el mal uso de sus puestos, su presupuesto y cultivando actitudes que no deberían ser aptas para una persona que representa a la nación. Exactamente como ha sucedido en los últimos años. Los jóvenes sabemos que la libertad y la igualdad son los valores principales que se deben seguir para poder desarrollar a México, pero son también contadas las veces que hemos visto dichos valores en acción.

 

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