Literatura

Marlon James, Black Leopard, Red Wolf, Riverhead Books, New York, 2019, 620 pp.


Carolina Garza Amparán

Desde su publicación, y como parte de la estrategia comercial de la casa editorial Penguin Random House, Black Leopard, Red Wolf, escrita por el autor jamaiquino Marlon James, ha sido comparada con obras como Game of Thrones, de George R.R. Martin, y The Lord of The Rings, de J.R.R. Tolkien. Si bien la novela comparte con estas obras la amplitud y el nivel de detalle en la construcción del universo literario, la pluralidad de personajes complejos con sus respectivos arcos narrativos, y la inclusión de la mitología tradicional como germen de los elementos fantásticos, esta comparación es engañosa, por decir lo menos, y puede resultar perjudicial para la experiencia del lector de fantasía. Black Leopard, Red Wolf, primera novela de lo que será la trilogía Dark Star, es un animal muy diferente, y no es, ni pretende ser, “an African Game of Thrones”.

La novela entera es un juego de persecuciones que articulan una reflexión sobre la búsqueda de la verdad a través de (y dentro de) el acto mismo de contar historias. No resulta sorprendente, entonces, la oralidad de la narración, donde Tracker, el protagonista, narra los hechos que constituyen la trama de la novela hacia un tú, el personaje denominado simplemente “Inquisidor”, que suponemos es quien toma su declaración. De esta manera, al lector no le queda más opción que unirse activamente a la cacería para encontrar y unir las pistas dentro de la narración y juzgar la veracidad del relato de Tracker, que es, inicialmente y en esencia, un acto de defensa: “No, I did not kill him. Though I may have wanted him dead”.

La declaración de Tracker, acusado de matar a un niño al que fue contratado para encontrar, comienza con “The child is dead. There is nothing left to know”, palabras que se encuentran en evidente oposición con las siguientes 620 páginas que constituyen la novela. Pero aunque la búsqueda del niño ha concluido desde antes de que inicie el relato, hay otra búsqueda que apenas comienza para el inquisidor-lector y Tracker adivina que, más allá de la verdad, lo que se busca es, siempre y ante todo, un relato: “And that is all and all is truth, great inquisitor. You wanted a tale, did you not? (…) What you wanted was testimony, but what you really wanted was story, is it not true?” Y Tracker, el buscador por antonomasia, encarnación de la búsqueda implacable, termina por unir ambos conceptos en uno solo: “Truth is just another story”.

En general, Black Leopard, Red Wolf es una lectura demandante, tanto en contenido como en forma, y lo es aún más si se la encasilla dentro de los subgéneros de la fantasía tradicional y la ficción historiográfica. Esta novela es un híbrido que toma libremente elementos de ambos, sin adscribirse por completo a las reglas y los tropos de uno u otro. La violencia gráfica y el contenido sexual explícito permean la narración, y aunque se sostienen por sí mismos por su función clave para el desarrollo de la trama, son también pretextos para hacer una reflexión profunda y severa sobre la masculinidad, la orientación sexual y el amor en las relaciones humanas.

Uno de los mayores aciertos del autor es quizá que no se cobija bajo la pretensión de la exactitud histórica para hacer una crítica de los mecanismos de control del poder, pasados y contemporáneos. Por el contrario, James construye un retrato detallado de las sociedades africanas precoloniales, con todo y rasgos machistas, misóginos y homofóbicos, y a la par muestra la pluralidad de perspectivas y cuestionamientos que existen, y siempre han existido, alrededor de estos temas: “Maybe you bear hatred for women. (….) I’ve never heard you speak good of a single one. They all seem to be witches in your world”. Esta doble tarea de representación y cuestionamiento puede observarse a lo largo la obra en las interacciones entre personajes femeninos y masculinos, homosexuales y heterosexuales, humanos y no humanos, africanos y árabes, de manera que se percibe como un resultado natural de la convivencia con el otro, y no como disgresiones o intrusiones del autor respecto a estos temas.

Los personajes femeninos de la obra, como los masculinos, tienen diversos niveles de complejidad y relevancia dentro de la trama. James resiste la tentación de representar a las mujeres como seres intrínsecamente benignos o malignos, y las retrata, ante todo, como seres humanos con defectos y virtudes, inteligencia, ambiciones y deseos de poder. Incluso en la figura de la bruja hay espacio para la diversidad. Aunque Sangoma y Sogolon no son del todo opuestas ni en su rebeldía contra el orden tradicional ni en su manejo de las artes mágicas, sí son radicalmente diferentes en su entendimiento del mundo y su función dentro del mismo.

Algo similar ocurre con la representación de la homosexualidad. Tracker, Leopard y Mossi, por nombrar sólo a algunos personajes, son caras distintas del mismo poliedro. La represión emocional de Tracker y su amor por los niños mingi, el desenfreno sexual de Leopard y su amistad con el protagonista, los celos y la posesividad de Fumeli, y la sensibilidad abierta de Mossi contrastan, chocan y se entremezclan a lo largo de la novela para crear un cuadro dinámico y cambiante. Así, con esta pluralidad de personajes homosexuales, el autor abre un espacio para explorar la complejidad de las relaciones homoeróticas, el amor, la amistad y la sexualidad masculina sin caer en estereotipos cansados y fáciles.

Y es que nada en esta novela ofrece respuestas fáciles. El retrato de la humanidad que hace James es brutal, incómodo y honesto. A ratos cargado de humor e ingenio, a ratos devastador, mezclando lo más noble y lo más despreciable de la condición humana con creaturas fantásticas provenientes de los mitos y relatos folklóricos africanos, Black Leopard, Red Wolf es un texto que captura la imaginación y nos obliga a explorar nuestra propia vulnerabilidad.

En los agradecimientos, Marlon James escribe: “Writers never create great stories. We find them”, e indiscutiblemente, con esta novela, el autor ha encontrado una gran historia. Experimental, divertida, desoladora, profunda, demandante, incómoda y dolorosa, Black Leopard, Red Wolf es un brillante tributo al arte milenario de contar historias.

 

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