Cine

Alejandro González Iñárritu, Birdman, Estados Unidos, 2014.


Alfonso Rodríguez Alcocer

Birdman (or the Unexpected Virtue of Ignorance) es, quizá, la mejor película de Alejandro González Iñárritu  (México, 1963) y la que provocará más reacciones divididas.

    González Iñárritu forma parte de una generación de cineastas que contribuyó a revitalizar, a principios del siglo XXI, el panorama cinematográfico nacional. Mientras que Alfonso Cuarón (México, 1961), integrante de la misma generación de directores, se aventuró a experimentar con filmes tan dispares como Y tu mamá también (2001) o Children of Men (2006), y mientras que Carlos Reygadas (México, 1971) buscó un cine más abstracto desde su debut con Japón (2002) hasta Post Tenebras Lux (2012), González Iñárritu optó, en cambio, por seguir una línea de crítica social, con la trilogía conformada por Amores Perros, 21 Grams  (2003) y Babel (2006), las tres con Guillermo Arriaga como guionista. A partir de ahí se dedicó principalmente a indagar en la miseria humana, ya fuera a través de la cultura de la violencia en México, o desde el enajenamiento y retraso emocional ligado al avance técnico en el Japón actual.

     En Birdman, González Iñárritu se aleja de sus largometrajes anteriores para ofrecer un producto fascinante, aunque irregular, que nos dice mucho –a través de una notable cantidad de símbolos y metáforas– sobre el estado actual del cine comercial.

     La principal virtud del filme estriba en su carácter representativo: la película mantiene, de principio a fin (exceptuando al epílogo), la estructura lineal de una obra de teatro, a través de un plano secuencia prolongado. En años anteriores nos habíamos topado ya con filmes que utilizan estructuras propias del teatro, como Dogville (2003) de Lars von Trier y Synecdoche, New York (2008) de Charlie Kaufman. La diferencia es que Birdman es más eficiente en su técnica y, si bien hay algunas irregularidades en el ritmo de la misma, nunca alcanza a sentirse tan minimalista como Dogville, ni tan abrumadora como Synecdoche.

     Michael Keaton interpreta a Rigggan Thomson, un actor caído en desgracia quien, en sus años de fama, protagonizó una popular franquicia de superhéroes conocida como Birdman (como él mismo lo hiciera, dicho sea de paso, con Batman en los noventa). Veinte años después, Thomson busca reinventar (o reavivar) su carrera, escribiendo, dirigiendo e interpretando una obra en Broadway, la conocida historia de Raymond Carver: What We Talk About When We Talk About Love. Desde la primera escena alcanzamos a percibir la locura y el anhelo de Riggan: lo vemos flotando en el aire, en un episodio de aparente delirio, antes de enfrentarse a los últimos preparativos para el preestreno. Él mismo cree tener superpoderes, los cuales le permiten manipular los objetos de su entorno en una especie de telequinesis, canalizando su frustración de forma destructiva. Estos episodios de desahogo suceden, casi siempre, cuando se encuentra solo, lo que nos invita a reafirmar que nuestro protagonista delira hasta el punto de creer, mientras se encuentra en pleno rehearsal, que él es el responsable de que una lámpara caiga sobre el actor principal (a quien aborrece), haciéndolo abandonar la obra.

     Los personajes secundarios son cruciales, pues en cierta forma no son más que extensiones de nuestro protagonista, lo que nos lleva a contextualizar mejor las actitudes de éste. Emma Stone interpreta a Sam, la hija post-rehab y asistente del héroe; Zach Galifianakis sorprende con una actuación bastante alejada de los personajes amanerados y excéntricos a los que nos tiene acostumbrados en sus comedias, interpretando al mejor amigo y abogado de Riggan, Jake; Naomi Watts es Lesley, actriz desesperada por sobresalir, y quien ve en la obra una última oportunidad para lograrlo; por último, Andrea Risenborough interpreta a la novia venida a menos, que tiene un papel en la obra por su relación con Thomson. Al perder a su actor principal, Lesley nos trae a un inspirado Edward Norton como Mike Shiner: popular, famoso, polémico. En pocas palabras, todo lo que no es Riggan. Esto da lugar a algunos de los momentos más memorables de la película, como el enfrentamiento entre ambos, estando Shiner en ropa interior. Mike Shiner es un actor que se muestra al final como una suerte de gurú al que la fama le ha pasado factura, llevándolo a estar más cómodo dentro de un papel que consigo mismo; a lo largo del filme pasa de ser el mayor rival de Riggan a convertirse en su más grande defensor.

     Birdman es, además, una dura crítica al nuevo star system de Hollywood, donde  la fiebre del cine basado en el cómic americano amenaza con llevarnos hasta el hartazgo. Con algunas pocas excepciones, la mayoría de estas películas se cimentan en sus efectos especiales, en sus actores de alto perfil y en el espectáculo, dando pie a trilogías y series enteras de películas monotemáticas que denotan la falta de ideas que empieza a ensombrecer al cine de acción, y al cine en general. El mismo Keaton es víctima de los años noventa, como su personaje. Lo tenemos muy claro desde el principio, cuando la otra voz en su cabeza le dice: “How did we end up here? This place is horrible, smells like balls. You had it all. You were a movie star, remember? Now you’re about to destroy what’s left of your career. We should have done that reality show they offered us”. Riggan busca cambiar esa percepción de sí mismo, como si del propio Keaton se tratara, dirigiéndose ahora a un público más refinado, el público propio de las producciones serias e independientes de Broadway, pues ahí es donde la crítica muestra mayor interés. González Iñárritu hace constante hincapié en la naturaleza de los protagonistas: se trata de gente enajenada, ofuscada, todo ello como resultado del deseo de la fama. Pero lo que hace diferente a esta película del resto de su filmografía no es solo la temática, sino la manera de abordarla: el humor negro. Es un respiro de aire fresco para quienes estábamos acostumbrados a sus filmes previos, que se regodeaban en el drama.

     En el filme, es inevitable que algo salga mal en los preestrenos, ya sea Mike Shiner saliéndose del guión y ridiculizando a Riggan, o bien que el mismo Riggan se quede encerrado fuera del teatro a media función, con nada más que ropa interior, lo que lo lleva a improvisar, brillantemente y sin saberlo. Pero eso no es suficiente para un personaje que entra en la película como la figura a vencer, némesis del protagonista: Tabitha, crítica especializada en teatro, y determinada a destrozar la obra, pues ve en Riggan aquello que siempre ha detestado. El propio Shiner se vuelca en la defensa de Thomson, a sabiendas del poder destructivo que puede tener una reseña en el trabajo de alguien: “He’s a Hollywood clown on a lycra birdsuit” – “Yes, he is, but he’s going out on that stage and risking everything”.

     En cuanto a la fotografía: Emmanuel Lubezki siempre da de qué hablar, ya sea con el manejo de planos secuencia con el clímax de Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006), o en sus colaboraciones con Terrence Malick, desde The New World (2005) hasta The Tree of Life (2011) y To the Wonder (2012). Pero en esta ocasión el reto es mayor. En Birdman, Lubezki se supera a sí mismo al montar todo el filme en una sola secuencia, como si se tratara de una obra de teatro. Incluso los cambios de noche a día se perciben como los actos característicos del arte escénico.

     Lo más destacable de la película comienza poco antes del clímax. Ante los fracasos, Riggan deja atrás la obra, saliendo a las calles. Se imagina a sí mismo levitando en público, sin que nadie lo note. Mientras camina, se materializa nuevamente la voz en su cabeza. Y entonces vemos al mismo Birdman recriminarle a Riggan: “Shave off that pathetic goatee. Get some surgery. Sixty’s the new thirty, motherfucker! People, they love blood. They love action, not this talky, depressing, philosophical bullshit”, mientras todo a su alrededor se vuelve una película de acción: las grandes explosiones, la destrucción, incluso un robot gigante. Esta es toda una declaración de intenciones: es el mismo Iñárritu diciendo que puede hacer una película de superhéroes, pero prefiere hacer otro cine; es él mismo buscando reinventarse, cosa que logra con creces; o, quizá, es él mismo parodiándose, haciendo mofa del cine que lo caracteriza.

     Luego de todo esto, Riggan regresa volando al teatro, lo que hace más evidente que alucina, pues podemos ver que en realidad ha tomado un taxi de regreso. Tras este episodio de locura, está listo para la noche del estreno. Una visita por parte su ex esposa, mientras los arcos argumentales de los demás personajes se van cerrando, lleva a Riggan a prepararse para el acto final. El acto más importante. En éste, el personaje principal confronta a su mujer y a su amante, pistola en mano, antes de suicidarse. El problema es que Riggan ha cargado realmente la pistola. Al terminar la escena, y después de su gran momento, éste jala el gatillo, mientras el público se pone de pie y Tabitha abandona la sala.

     A continuación viene una serie de imágenes, paródicas, con personajes de blockbusters mientras la clásica banda de guerra estadounidense ameniza la escena. Se trata de una imagen innecesaria, que intenta recalcar el tono de sátira y la crítica a las películas de gran presupuesto. Es aquí donde, por primera vez en toda la película se rompe el plano secuencia –que solo en algunas partes presenta problemas de ritmo, compensado siempre por algunos picos de intensidad–, separando así el epílogo del resto de la película. Vemos a Riggan en la cama del hospital, con la cara protegida, pues, aparentemente, con la bala lo único que logró fue volarse la nariz. Su ex esposa, su mejor amigo y su hija lo acompañan en este momento de alegría, pues a pesar de todo, vive, y lo más importante: su obra ha sido un éxito. Tabitha ha escrito en un encabezado “Birdman, or The Unexpected Virtue of Ignorance”, recalcando lo arriesgado y grandioso de la puesta en escena, y atreviéndose a declarar que ha dado pie a un nuevo superrealismo en el teatro. Riggan va al sanitario y se quita las vendas: tiene una nariz nueva, diferente, pero perfecta. A su lado, vemos a un Birdman derrotado sentado en el inodoro, cabizbajo. El final parece feliz, incluso cliché, y esto se acentúa cuando Riggan, después de ver a los pájaros volar por su ventana, sale de la escena, para que luego su hija al entrar no lo encuentre. Temiendo lo peor, ella mira por la ventana hacia la calle y no encuentra a Riggan. Así, la última imagen del filme nos muestra a Sam sonriendo, mientras observa hacia arriba.

     Este final puede tener varias lecturas. El final feliz, “perfecto”, propio de los blockbusters es descartable, dada la ruptura del plano secuencia. Podría ser más una sátira a los filmes que tienen como protagonista al clásico héroe que triunfa ante cualquier adversidad. Podría ser un epílogo para Riggan, quien en su imaginario distorsionado se encuentra a sí mismo saliendo airoso, cuando en realidad ha muerto. Es más un anhelo que se refleja en los personajes secundarios: su ex esposa vuelve con él, Sam ha dejado atrás el resentimiento y se convierte en una hija amorosa, Jake deja de lado la seriedad para tomar la situación con humor, todo propio del mejor escenario posible, y Tabitha le ha dado una elevada calificación a su obra. Podría ser que Sam ha terminado por caer también en el delirio, imaginando un final perfecto, en el que todo sale bien, y en el que se materializa su necesidad de ser amada, tanto como en su padre se materializa su necesidad de reconocimiento. Hacia el final de la película, no sabemos ya si Birdman es real o no. Pero lo que sí nos queda claro es que el éxito cinematográfico tiene dos caras: la masiva, que trae consigo la popularidad, y la minoritaria, que da el prestigio. Iñárritu, a través de Mike Shiner, lo expresa con claridad: “popularity is the slutty little cousin of prestige, my friend”.

  • Alejandro Fuentes says:

    Excelente reseña! No sólo me invita a ver la película que desentona en cartelera sino que me da un análisis listo para comprobar, rebatir o añadir!

    Muchas gracias!

  • Arturo Molina says:

    Me gustó el análisis y el resumen, la transcripción de los diálogos para defender una idea o postura; no me gustaron las descripciones de las escenas, dicen mucho de lo concreto, son spoilers que pueden evitarse.

COMENTARIOS


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